jueves, 31 de diciembre de 2009

Hoy se termina el año

Alberto Domingo Quiroga Venegas

En este año, reencontré a un compañero de la universidad, Fernando, quien me recordó que en uno de mis ratos de ocio, anote en uno de mis cuadernos:

"Si lees este letrero en martes, significa que ayer fue lunes".

Me he reido del recuerdo pues esa perogrullada no me suena nada rara por mi forma de ser en la universidad.

Pues hilando perogrulladas, hoy es 31 de diciembre y por lo tanto hoy termina el 2009.

Lo que signifique para cada quien es muy revelador. Algunos comprarán borregos, mazorcas doradas o calzones rojos y amarillos. Otros iran a la Iglesia y muchos más estarán muy enfocados en preparar una cena para despedir este año y recibir el otro. Algunos se pasaran de copas y se soltarán de la lengua y comenzarán el año con el pie izquierdo. Otros, desafortunadamente, se reunirán para festejar y acabarán lamentando haberlo hecho. Es triste, pero esta es para muchos una noche de excesos.

Pero hagamos lo que hagamos, hoy termina un ciclo y deja paso a otro.

Para que algo viva algo más debe de morir, esa es una ley.

Hoy muere el 2009 y al morir deja paso al 2010.

Dios nos permita vivirlo de acuerdo a su voluntad.

Mis mejores deseos para ustedes, estimados amigos.
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martes, 29 de diciembre de 2009

Dios es el médico.

Alberto Quiroga V.

Hoy se cumplen nueve años de la muerte de mi padre a quien mucho suelo recordar.


Entre las cosas que constantemente se pasean por mi memoria, está la imagen de un antiguo cartel colgado en la pared de su consultorio donde se podía leer la frase:


Dios es el médico, yo soy su criado.
Si a El le place, trabajaré con provecho.



Siendo yo niño, le pregunté a mi padre el significado de la frase, puesto que a mi eso de “le place” me sonaba a algo así como: “Si a Dios le da la gana”.

Afortunadamente mi padre tenía casi todas las respuestas a mis preguntas infantiles y me explicó que lo que significaba era que si lo que él hacía como médico era agradable a Dios, entonces era provechoso.

Son muchas las enseñanzas que me dejó mi padre a través de esta sencilla frase colgada en la pared de su consultorio.

Me enseñó a reconocerse abiertamente creyente, aun a riesgo de perder pacientes.

También me recuerda que tanto nuestros conocimientos, capacidades y cuerpo están solamente prestados, que lo que somos y sabemos de nuestra profesión es efímero y en resumen, Dios es el patrón, El decide si nos mantiene o nos despide.

En la segunda parte va la invitación a reflexionar: Nuestros actos no son indiferentes y nuestras decisiones jamás se quedan sin repercusiones. Lo que agrada a Dios nos engrandece y lo que no, nos envilece. Así que aun cuando mi profesión no es tan humana como la medicina, también Dios es el ingeniero y yo soy su criado y si lo que hago no es agradable a El, estoy trabajando en vano.

Han pasado nueve años y ahora que muchos médicos se han convertido en asesinos y mercenarios, que sus pacientes no son sino estadísticas o simples clientes que valen en cuanto dinero tienen, la frase regresa constantemente a mi memoria.

Y junto con la frase veo la bata blanca de mi padre, sus manos siempre limpias oliendo a jabón; lo recuerdo curando a sus pacientes a veces sin cobrar y retrasando las salidas de paseo por una urgencia. Ahí sigue, manejando a altas horas de la noche, con su maletín al lado en el asiento del auto o limpiando las muestras de medicina que solía regalar a sus pacientes.

Y recuerdo…

… que Dios es el médico y que mi padre fue su criado.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

Los hijos que Dios te dé

Alberto Quiroga V.

Estaba esperando en la recepción de un restaurante a un cliente y aunque no quiera alcanzo a escuchar. Compartiendo conmigo la sala de espera, dos señoras se quejan de lo mal portados que son sus hijos, de lo difíciles que les han salido.

Hilando ideas recuerdo las campañas de control de la natalidad y me resulta muy curioso recordar esa frase machacona de hace muchos años "Pocos hijos para darles mucho"

Mucho ¿Qué? ¿Muchos juegos de video? ¿Mucho dinero para drogas y alcohol? ¿Muchos celulares y aparatos tecnológicos? Darles mucho a los hijos no significa necesariamente darles lo que necesitan y a veces tener mucho es el camino más corto para tener nada.

Las señoras en cuestión se quejan de sus respectivos hijos únicos. Tienen nada más uno y no parecen tener la capacidad de darles mucho. Y peor aún, al escucharlas escucho a unas madres derrotadas, resignadas a sufrir y con la esperanza única de sobrellevar el problema.

Mientras siguen las quejas junto con la frase de los pocos hijos recuerdo otra: "Aceptar los hijos que Dios te de"

Pobre frase esta última. Tanto la han utilizado de burla para criticar a aquellos que tienen muchos hijos y por ello no la han sabido entender en toda su dimensión.

Aceptar los hijos que Dios te de no se refiere solamente a la cantidad, también se refiere a la calidad.

Aceptar a un hijo que tiene limitaciones de intelecto o defectos de personalidad va implícito en la frase. Puedes tener uno solamente, y estarte quejando constantemente porque no es inteligente como el del compadre o estudioso como el del vecino. Por otro lado, aceptar no significa dejarlos como están y quedarnos como simples espectadores. Aceptarlos es saber desde que punto debemos partir para llevarlos a ser mejores.

No aceptar a los hijos como son genera en ellos una sensación de rechazo que los va perjudicando y a su vez provoca en los padres un desencanto que los lleva a abandonar el barco. A los hijos se les va moldeando. Algunos tendrán un temperamento inquieto y su carácter podrá ser igual si no se le va formando para que se domine a si mismo. Otros tendrán un temperamento reservado y a ellos se les deberá ayudar para que venzan su timidez.

Por eso es importante, por lo menos en mi caso, regresar a ciertas bases y aceptar los hijos que Dios me dio, con sus capacidades, pero también con sus carencias, con sus fortalezas, pero también con sus debilidades, con sus sueños sin olvidar sus pesadillas, con sus virtudes y también con sus defectos.

Y entonces sí, con esa aceptación, aceptar a su vez el compromiso que tenemos con Dios que nos los encargo para llevarlos a ser como El quiere que seamos: Felices eternamente.
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martes, 15 de diciembre de 2009

Hola amigo elector

Alberto Quiroga V.

Hola amigo elector:

Perdón por lo familiar del saludo. De momento dude en poner "amigo elector" porque la verdad es que no soy tu amigo. Sin embargo quiero darte gracias, porque con tu apoyo soy lo que quiero ser.

Gracias a tu voto puedo gozar de privilegios que tú ni te imaginas, porque las pocas veces que me has visto me ves disfrazado de Juan Pueblo, de playera y con sombrero y por eso crees que soy igual a ti, pero la verdad es que no, yo pertenezco a una clase más que privilegiada.

Tengo salarios envidiables, prestaciones como las que tenían los nobles en las monarquías y un poder que me permite amasar fortunas para mí y mis descendientes y todo ello gracias a tu voto.

Claro que me imagino que al momento de leer esta carta, ni siquiera sabes quien te la está dirigiendo. Me viste pocas veces, y estabas más preocupado por recoger tu torta y tu playera que por escuchar mis falsas promesas. No te preocupes, no te perdiste de nada. Poco fue lo que cumplí. Pero tu presencia me ayudó a darle veracidad a mi campaña.

Tal vez me dirás que no fuiste a votar, que esta carta no es para tí. Pero no me importa si no fuiste, igual y hasta votaste por mí aunque no te hayas presentado, porque tu apatía también me beneficia.

Por eso nuevamente te quiero dar gracias, porque tu desinterés y tu caracter manipulable me permite actuar, soy rico y poderoso y la crisis no me afecta.

¿Sabes? El poder es algo inigualable. Me permite mentir y sentirme seguro, robar y permanecer inmune. El poder lo es todo para mi y lo tengo gracias a ti, que me lo has dado. Debo reconocer que por momentos te envidio, pues mientras yo necesito más poder para ser feliz, tú pareces ser feliz con lo poco que te damos.

Estoy seguro que si reflexionaras seriamente sobre lo que hago con tu voto no votarías por mí, pero solamente podrías reflexionar si tuvieras esa capacidad y creéme que me he encargado de que no la tengas. Por eso tu educación ha sido deficiente, por ello permito que los maestros sigan cobrando aun cuando ellos mismos reprueben, por ello me encanta verte pegado a programas que hablan de chismes y por ello no me incomoda que nunca tomes un libro entre tus manos.

Espero no te ofendas, recuerda que esta carta es para darte gracias. Tal vez te enojes al leerla, pero la experiencia me dice que el enojo se te pasará rápido. Ya viene navidad, los reyes, y lo más importante, el próximo mundial. Para entonces, esta carta se te habrá olvidado, pero yo me sentiré tranquilo porque ya te he dado las gracias. Estoy en paz contigo. Tu tienes lo que deseas, tu torta, tu despensa, tu bono de madre soltera, tu credencial para la leche y tu despensa de solidaridad. Podrás patinar a gusto sobre el hielo y seguirás cobrando por tu abuelito la ayuda para adultos mayores.

Mientras, yo seguiré aquí, en el anonimato, promulgando leyes que te perjudican pero que me benefician, viendo por mi interés y gozando, más que confiado porque se que en el 2012 me darás otra oportunidad. Ya sea para diputado, asambleista, delegado o senador, se que votarás por mí. Gracias nuevamente.


Se despide.

Tu representante popular
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lunes, 14 de diciembre de 2009

Sin interés

Alberto Quiroga

Se escuchan mucho las promociones de fin de año pues para las empresas es momento de estimular el gasto porque la gente se deja llevar por una serie de factores psicológicos que la llevan a comprar y gastar sin medida.

En invierno, los días son más cortos y más grises. Menos luz provoca depresión y muchos la compensan gastando. Con el fin de año llegan los aguinaldos y bonos que dan la impresión de que ese dinero es extra, que está de más y por ello no se cuida. La euforia colectiva por las fiestas, los deseos y esperanzas de que el año que entra sea mejor que el que se va van provocando en muchos un afán de comprar.

Las tarjetas de crédito, tanto bancarias como departamentales, ofrecen los famosos "meses sin intereses", que llevan a la gente a gastar el dinero que no tienen para obligarse a pagar durante 3, 6, 12 o 18 meses una cantidad que solo es fija si se paga a tiempo.

Existe un anuncio que propone al consumidor "Compra todo lo necesario para tu cena de fin de año y pagalo a 18 meses sin intereses". En lo personal no me atrae pagar durante año y medio algo que disfrute solamente una noche.

Para un diseñador que adquiere un equipo de computo que va pagando con su propio trabajo, generado con lo que realiza en ese equipo, tener un financiamiento de 18 meses es atractivo. Eso es considerando que la computadora es necesaria y fundamental para que el diseñador haga su trabajo, además de que se convierte en un factor de producción.

Pero adquirir bienes o servicios que no son prioritarios ni necesarios, por el simple hecho de que suene atractivo el pagarlo a un plazo largo, puede ser peligroso y deprimente.

La gente pone mucha atención a la primera parte de la frase, donde dice "x meses", pero no pone atención en la segunda, "sin intereses".

Allí esta un problema. Ya disfrutaste de la cena, ya hiciste el viaje de placer, ya compraste juguetes para tus hijos que tal vez se olvidan a los dos meses y ahora a seguir pagando algo efímero por varios meses, sin intereses, es decir, sin ganas de pagarlos pero con la obligación civil y penal de hacerlo porque si no hay consecuencias.

Si ahorrar cuesta por falta de motivación, pagar sin motivación es mucho mas difícil. Para quien le sobra el dinero, no hay problema, pero para quien vive al día, no es motivante y si deprimente pagar algo que ya no tiene.

Asi que cuidado con esos meses sin intereses

lunes, 7 de diciembre de 2009

Suerte de Principiante

Alberto Quiroga V.

Mucho se habla de aquellos que se inician en una actividad con una fortuna especial, que les lleva a alcanzar premios rápidamente, ventas asombrosas o resultados espectaculares. Le llaman a este fenómeno Suerte de Principiante y se le atribuye veces de una manera muy simple a la novatez por si misma, como si el simple hecho de ser nuevo en una actividad garantizara el tener suerte.

Tal como lo platiqué anteriormente en el ensayo ¡Que suerte! donde definiamos la suerte como la conjunción de oportunidad con capacidad, no creo en la suerte de principiante como algo que tengan todos aquellos que realizan una actividad por primera vez. Sin embargo, si creo que los que se inician tienen ingredientes que son interesantes y que debemos de estudiar para aprovecharlos.

¿Que tiene un principante que no tienen los que ya han estado por meses o años en una actividad? La lista es interesante.

Un principiante tiene "ganas". Está fresquecito, recien contratado y tiene hambre de demostrar que puede y que sabe. Probablemente le costo trabajo encontrar empleo o ganarse una oportunidad y en cuanto la tiene busca aprovecharla. Las ganas que trae se convierten en un excelente combustible para moverlo, hace más llamadas, visita o atiende más clientes, pone mayor atención a los reportes o da un extra por encima de sus compañeros y todo ello le arroja mejores resultados. ¿Recuerdas la primera semana que pasaste en tu actual empleo o actividad? ¿Tenías el mismo nivel de motivación o lo has perdido? ¿Sigues trabajando al mismo ritmo o lo has reducido?

Un principiante tiene ideas frescas. Al contar con una visión externa, él puede descubrir áreas de oportunidad, mismas que quienes tienen más tiempo no aprecian. Con nuevas ideas probablemente se derriben obstáculos que los otros no podian saltar. ¿Recuerdas todas las ideas nuevas que tenías cuando empezaste a trabajar en donde estás? Muchas de ellas no eran viables, pero otras si eran valiosas y al implementarlas seguramente hubo mejoras.

Un principiante no tiene miedos ni complejos. Recuerdo que en una ocasión visite a una empresa y llegue caminando tranquilamente por una calle solitaria. Cuando me preguntaron por donde había llegado y supieron mi respuesta, se alarmaron pues decían que esa calle era muy peligrosa. Me pidieron que la evitara, lo cual no hice y la volví a recorrer pero eso si, con la idea de sufrir un asalto durante todo el recorrido por la misma calle que el día anterior había pasado tranquilamente.

Conforme avanzamos en una actividad, vamos adquiriendo miedos y prejuicios, no llamamos a clientes potenciales porque "no nos van a comprar" o emitimos juicios sobre compañeros de trabajo que no hemos tratado porque otros nos han influenciado. Esos miedos y prejuicios van limitando el accionar del principiante y por lo tanto reduciendo su oportunidad de lograr buenos resultados.

El que inicia, cuando tiene capacidad y la reune con las ventajas que menciono: Motivación, ideas frescas y ausencia de temores y prejuicios, provoca la llamada Suerte de Principiante y con ello suele tener un desarrollo rápido y llamativo.

Si pudieramos convencernos que todos los días es un nuevo principio, buscando y renovando retos, automotivándonos, podríamos tal vez dentro de algunos años empezar a hablar de la Suerte del Veterano.
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jueves, 3 de diciembre de 2009

Inventario anual

Alberto Quiroga V.

Con el cierre de año, las empresas suelen verificar sus existencias para saber que es lo que tienen y compararlo con sus controles. Lo que se aplica a las materias primas y objetos físicos, también se le puede aplicar a las experiencias y habilidades.

Está terminando este 2009 que muchos han catalogado como año de retos. No ha sido sencillo para muchas empresas sobrevivir este año, es más, algunas se quedaron en el camino. Hablando de personas, muchas perdieron su trabajo y otras más estuvieron con paros técnicos.

Platicando con amigos, la gran mayoría me ha comentado que si han resentido los efectos de la situación económica, pero también percibo en ellos la confianza en que con mejor actitud la crisis se puede superar.

A principios de año, comentaba yo en una conferencia, ante la pregunta de uno de los asistentes acerca de que significaba la crisis para mí. La respuesta fue: La crisis solamente significa que nos debemos esforzar más, que debemos crear más y que debemos mejorar más.

Dicen que lo que no te mata te fortalece, por lo que estoy convencido que este año hemos aprendido cosas que tal vez no tengamos bien presentes, pero que si las buscamos las encontraremos y las podremos aprovechar en lo futuro.

Haciendo un recuento

Ninguna situación es totalmente buena o totalmente mala. Este año, a pesar de su dificultad, ha traído buenos frutos. Hagámos un análisis de todo lo bueno que hemos pasado en este año.

Probablemente este año aprendimos a ser más moderados en nuestros gastos, descubrimos tal vez que se desperdiciaban recursos como el tiempo y el dinero y ahora que la situación se complicó aprendimos a darles su verdadero valor.

Tal vez en este año descubrimos en nosotros nuevas habilidades para buscar oportunidades y no solamente esperarlas, o quizá empezamos a valorar más a los clientes y los empezamos a cuidar de manera especial para que no se fueran con nuestra competencia.

Si tomamos conciencia de todo lo bueno que sacó de nosotros la crisis, lo tendremos de ahora en adelante como una herramienta, pero si no lo aprendemos, cuando la crisis pase tal vez lo volvamos a olvidar.

Lo malo también enseña

¿Qué paso en este años que no quisieras que se volviera a repetir? ¿Tomaste alguna mala decisión que si pudieras cambiarías?

Hay quien dice que el hubiera no existe, pero yo pienso diferente. No estoy de acuerdo en quedarse lamentando por un pasado que no podemos cambiar, pero si me gusta analizar el pasado para aprender de él para el futuro. Los errores que cometimos este año nos pueden ayudar a evitarlos en el 2010

Hacer una lista objetiva de los errores cometidos en este año, cada uno de ellos con dos o tres posibles soluciones, es un excelente ejercicio para mejorar.

La evaluación final

También es importante que hagamos una evaluación de aquellos buenos propósitos que tuvimos al iniciar el 2009. ¿Los cumplimos todos? ¿Nos olvidamos de ellos? ¿Nos quedamos a medias?

Hacer una evaluación es muy necesario. No sabemos si estamos trabajando bien o mal a menos que nos califiquemos en nuestros resultados. Si en este 2009 no cumplimos con nuestros propósitos, estamos a tiempo de replantearlos para el año siguiente, ya sea modificándolos, dejándolos como están pero tomándolos en serio o por el contrario, si no valen la pena quitarlos de nuestra lista para que no nos causen frustración por no cumplirlos.

Regálate una carta

Si decides hacer esta evaluación, con un inventario de lo bueno y lo malo, con estrategias para el siguiente año y con una lista renovada de propósitos, te conviene ponerlo por escrito. Si lo dejas a la mente, difícilmente lo tendrás presente y se te borrará con el tiempo, pero si haces una relación de ello en tinta y papel, ese documento podrá ser un aliado durante el 2010 recordándote lo aprendido de este año y los propósitos del siguiente.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ya se acabó el año

Alberto Quiroga V.

Que curioso que continuamente nos quejamos por la falta de tiempo, pero somos nosotros mismos los que lo desperdiciamos.

Al escribir estas líneas, es 2 de diciembre, pero para mucha gente ya termino el año. La actividad baja, los proyectos se cancelan o se posponen, todo se pasa para enero o a veces hasta febrero.

¿Quiéres concertar una cita de trabajo? Mejor hasta enero, este año ya se acabó.
¿Y la dieta pendiente? Pues hasta enero, porque se vienen las posadas y las cenas.
¿Qué hay del dinero que me debes? Pues aguantame hasta enero, porque ya ves que se vienen gastos.
¿Arrancamos el proyecto? Vente el año que entra, este ya murió.

Y así nos podemos seguir.

Creo que todos quisieramos vivir la vida con plenitud. Mi pregunta es ¿Si damos por hecho que este año ya se acabó, la estamos viviendo en plenitud? ¿Qué acaso diciembre no existe? ¿Ya estamos en "automático" y si nos va bien reiniciamos en enero?

Pensar que se acabó el año al iniciar diciembre significa 40 meses perdidos para alguien de mi edad, el equivalente a poco más de tres años. Por eso nunca nos alcanza el tiempo.

Si escuchas la radio los viernes en diferentes estaciones, notarás que son varios los locutores que repiten la famosa frase "Gracias a Dios es viernes". Escucha a esos mismos locutores los lunes y se estarán quejando de que la semana inicie. Uno de ellos, por ejemplo, se refiere al jueves como "casi viernes". Pensar en el viernes desde el lunes ayuda a condenar a la ineficiencia a los demás días laborales.

Cuando comence mi camino en la capacitación, me recomendaron que por cuestión didáctica, los cursos preferentemente no se deberían manejar en sesiones de una hora porque los asistentes tardaban mas o menos 15 minutos para encarrerarse y el mismo tiempo antes del final se desconectaban. Si la sesión era de una hora, el tiempo efectivo se reducía a 30 minutos.

Esta información me pareció exagerada, pero la práctica me confirmó que mucha gente reacciona así, desperdiciando ese tiempo, lo cual considero es más por una cuestión cultural que por causas fisiológicas. En México, muchos acostumbran llegar tarde a sesiones de capacitación porque al principio no se dice nada importante. Nuevamente, vemos el desperdicio de tiempo.

Pensar que ya se acabo el año en diciembre, la semana en jueves y el curso 15 minutos antes, son solamente tres ejemplos de como se desperdicia el tiempo y la razón de por qué nunca nos alcanza.

Bueno, si no se me ocurre nada antes, nos leemos en enero.
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