viernes, 25 de octubre de 2013

Un montón de tierra

El Gran cañón del Colorado es una de las maravillas naturales. Labrado por el rio del mismo nombre a través de millones de años, puede ser tomado como un ejemplo de perseverancia, capaz de abrirse paso a través de la más dura roca.

Un día, una persona con dinero pero carente de otras capacidades, llegó a un mirador y expreso desilusionado: ¿Esto es el gran cañón? ¿Un monton de tierra? -Y molesto le pidió a su guía que le regresara al hotel para tomar el siguiente vuelo a Las Vegas.

Nosotros, al igual que esa maravilla natural, seguramente hemos sido poco valorados por algunas personas carentes de sentido. Lo peor es que muchas veces los primeros en desvalorarnos somos nosotros mismos. Nos gusta el deporte de vernos como poca cosa.

Escuché en la conferencia de un sacerdote que si tuvieramos la plena consciencia de que Dios nos planeó a cada uno de nosotros desde el principio de los tiempos, nuestra vida sería muy diferente. Somos el resultado de una eternidad de planeación, diseñados a su vez para una eternidad.

Si alguien al verte no logra captar toda la maravilla que encierra el ser creados y adoptados por Dios, no te dejes abatir. Permanece como el Gran Cañón ante la torpe expresión del rico, es decir, sin inmutarte, pues con sus millones de años no se preocupa por ser visto como un montón de tierra. Por eso tú, con tu eternidad de planeación divina no te aflijas, si alguien no aprecia tu verdadero valor.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Valor perdido

Un buen amigo tenía por encargo de su trabajo abrir una página en internet con el nombre de una revista que se publicaba de forma impresa, pero cuando intentó comprar el dominio se encontró con que ya le pertenecía a alguien pero no lo usaba, es decir, la página como tal no estaba publicada y solamente estaba reservado el nombre.



Investigó quien era el propietario y lo contactó para hacerle una oferta de compra, misma que fue rechazada. Al año siguiente hizo el mismo intento y nuevamente fue rechazada, a pesar de existir una buena oferta y de que el dominio seguía sin ser utilizado. Por varios años se repitió la misma historia hasta que un día mi amigo, sin llamar a la persona, verificó si el dominio estaba libre, pues sabemos que se paga el uso del derecho por cierto tiempo y que debe ser renovado y para sorpresa le informaron que estaba disponible y lo compró por una cantidad muchísimo menor a la que había ofrecido en su momento.


El anterior es uno de los muchos ejemplos de nuestra vida en la cual atesoramos cosas que se acaban perdiendo, ya sea por descuido, desinterés o hasta por muerte. ¿Qué le pasó al anterior propietario? ¿Por qué dejó libre el dominio? No lo sabemos ni vale la pena averiguarlo.


Lo que si valdría la pena es reflexionar si las cosas que vamos acumulando en realidad tienen el valor que les damos y si este valor está en función de ayudarnos a ser mejores. Muchas de nuestras pertenencias nos han causado conflictos con amigos y parientes y tal vez esas mismas pertenencias acabaron en la basura. Otras las tuvimos como en gran valor y al tiempo las catalogamos como vanas y qué decir de aquellas que solamente cuando ya no las tenemos las valoramos como debe ser.