lunes, 25 de mayo de 2009

No lo tomes a broma

Alberto D. Quiroga Venegas

En días pasados, en un noticiero tuve la oportunidad de ver un video captado por las cámaras de seguridad de una tienda en Estados Unidos, en el cual se ve a un hombre herido que pide desesperado ayuda hasta que desfallece y cae. Al hombre le habían disparado a las puertas de la tienda departamental y murió minutos después.
Entrevistados, los testigos de este lamentable suceso dijeron que no lo ayudaron por considerar que era una broma, que el hombre solamente estaba fingiendo.
Que triste es ver que la sociedad se vuelve cada vez más insensible, al grado tal que un hombre muere porque nadie quiso correr el riesgo de ser víctima de una broma.

Y parto el problema en dos:
Nos hemos dejado educar por la televisión, la radio y la internet, que hacen de la burla y la denigración un argumento de venta. Someter a los demás a situaciones denigrantes se ha convertido en un atractivo insano para un público poco educado en valores como el respeto a la dignidad humana. Bromas en donde se juega con los sentimientos de las personas son cada vez más comunes y no se han detenido a pesar de los resultados funestos.
Hace poco, en la radio, de forma anónima, un joven confesó arrepentido haber jugado una broma al padre de un compañero, llamándole con el cuento de que su hijo estaba secuestrado. El señor falleció de un ataque cardíaco y lo peor de todo fue que su propio hijo estaba con los bromistas y participó en la broma.

En la televisión, decenas de personas son mostradas día a día, víctimas de bromas de mal gusto, pero que gustosas se aguantan la vergüenza con tal de "salir en la tele". Estoy seguro que otros no se prestan y reaccionan agresivamente, pero ellos no son mostrados.

Esta es la primera parte del problema, medios de comunicación que deforman conciencias y que muestran que es válido jugar con las personas. La segunda parte del problema está en aquellos que siguen esa escuela y utilizan esas técnicas para burlarse de sus semejantes.

No concibo, por ejemplo, que un padre sea capaz de ver que un bebé que camina tambaleante directo a una tina de agua, caiga en ella y patalee desesperado, mientras su padre filma despreocupadamente con una cámara y encima tenga la desvergüenza de publicar ese video para que todos puedan apreciar su pobre consciencia y burlarse de su hijo.

Videos aficionados en donde se golpea a personas, se les moja o quema mientras están dormidos, se les quita la escalera en la que se apoyan, se les mancha o quita la ropa, son ejemplos de que hay algunos que no solo se gozan en el daño, sino que lo promueven y exhiben.

También están los videos de accidentes, que lejos de ser utilizados como advertencia, son vistos como satisfactores de morbo. Personas que desperdician tiempo filmando en cruceros peligrosos a la caza de algún accidente debido a la presencia de hielo o diesel, en lugar de cooperar deteniendo el tránsito y avisando a quien corresponda para anular el peligro. Gente atropellada o choques suelen ser vistos con indiferencia, como si los cuerpos allí involucrados fueran sólo materia, sin alma, sin familiares, sin amigos.

El resultado es que nos hemos vuelto insensibles, hemos dejado de ver a los demás como semejantes para cosificarlos, denigrándolos a ellos y a nosotros mismos.

Quiero ponerme en el lugar de un hombre desesperado, pidiendo ayuda mientras se desangra dentro de una tienda. Quiero sentir la angustia de un padre por su hijo secuestrado, mientras sufre un paro cardíaco. Quiero sufrir la baja autoestima de un niño cuyo padre le tiene más apego a una cámara de video que a su hijo. Quiero imaginar el dolor y la angustia de un transeúnte que ve venir un camión que ha patinado en una calle o de un conductor que pierde el control de su vehículo para impactarse en un poste porque nadie le avisó de una superficie resbalosa.

Quiero solidarizarme con los familiares de estas personas fallecidas, a quienes la insensibilidad no toma en cuenta. Y esa solidaridad me lleva a no participar viendo esos programas de bromas, ver a propósito y mucho menos enviar videos donde se juega con el sufrimiento ajeno.

Los estragos de la insensibilidad son muy serios, para tomarlos a broma.
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