martes, 1 de junio de 2010

¡Simplemente agradecer!

Alberto Quiroga V.
La naturaleza humana es especial y analizada desde un punto de vista, es muy injusta. Hablando de servicio al cliente y recomendaciones, las estadísticas son claras al señalar que un cliente satisfecho le comenta en promedio a otros dos del buen servicio, pero un cliente insatisfecho lo hace con otros ocho.

Cuando toco el tema en el curso de "Servicio al Cliente", hago una breve reflexión para entender el por qué de esta reacción y pregunto: ¿Qué nos dura más? ¿La satisfacción por un buen servicio o la molestia por uno malo? La respuesta es clara: La molestia por uno malo. Mientras más dure la molestia a más gente se le va a comentar.

Los seres humanos somos rencorosos. Si nos atienden bien es su obligación, pero si nos atienden mal, de veras que nos la pagan.

Pero si bien este pensamiento es válido en cuanto se paga por un producto o servicio, sin querer o irresponsablemente, lo trasladamos a todas nuestras actividades. Si en nuestra casa nos dan de comer sabroso, bien, es su obligación; pero si la sopa está un poco salada, se arma la guerra.

En la calle, si nos dejan pasar con el auto, bien, pero si no, bocinazos y pensamientos de odio por las siguientes tres cuadras.

Así como por naturaleza somos rencorosos, también somos limitados. Nuestra visión es selectiva y para ello existen muchos videos y pruebas visuales que demuestran cómo somos capaces de ver exclusivamente lo que queremos y desechar lo que no queremos ver, aun cuando en la misma imagen se nos muestre un todo. Con base en esto, si decidimos ver exclusivamente lo malo y desechar lo bueno, nuestra opinión de todo será pesimista.

Si por torpeza nos acostumbramos a lamentarnos y quejarnos, la visión del mundo se vuelve abrumadora, nos convertimos en un barco que hace agua y al que nadie se quiere subir. Si por el contrario, desarrollamos la capacidad de ver lo bueno dentro de lo malo, la visión de pesimista pasa al realismo optimista. Nada en este mundo es totalmente bueno o totalmente malo. Es nuestra manera de ver las cosas lo que nos puede inclinar en un sentido o en el otro.

Ahora la pregunta es: ¿Cómo desarrollar la capacidad de ver lo bueno? Una regla sencilla es agradecer. Sí, así de fácil (y de complicado), agradecer.

Analicemos nuestra relación con las demás personas o inclusive con Dios. Se pide mucho, se reclama mucho, pero se agradece poco.

Si eres de los que acostumbra agradecer, agradece mucho más. Si eres de los que nunca agradece, te costará trabajo al principio pero notarás un cambio de inmediato en tu forma de ver las cosas.

Agradecer enfoca las cosas en lo positivo, ayuda a tomar conciencia de lo bueno que tienes, te atrae simpatías y bendiciones. Ejercitar tu mente en buscar por qué dar gracias eleva el inventario de las cosas buenas que olvidas muchas veces por depresión.

Abrir los ojos, respirar, poder caminar, tener un empleo, la risa de tus hijos, el cliente molesto pero buen pagador, el colaborador torpe pero que siempre te apoya cuando se carga el trabajo, el auto modesto que nunca te deja tirado y miles de detalles más, son motivo suficiente para agradecer cada día.

Por mi parte y en lo que a este caminar de lecturas y escrituras corresponde, nuevamente, ¡Gracias!
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