martes, 4 de mayo de 2010

Como las bombas atómicas

Alberto Quiroga V.

El arsenal nuclear del mundo es uno de los ejemplos más absurdos de lo que hace el hombre por defenderse pues el potencial explosivo de las bombas existentes es capaz de destruir a la población mundial por completo. Se calcula, por ejemplo, que la tecnología es tan rápida en su respuesta que bastaría que una potencia mandara una bomba para que todas las demás respondieran de inmediato en una guerra sin vencedores.

En estos días el Pentágono dijo que tenía 5,113 ojivas nucleares en su arsenal hasta septiembre del año pasado, comparado con más de 31,000 en 1967 durante la Guerra Fría. De todas formas cinco mil suenan a muchas y supongo que son más potentes que las anteriores. No tengo idea de la cantidad exacta pero me imagino que ha de costar muchísimo dinero mantener a las bombas disponibles y a punto. Miles de personas deben vivir alrededor y para el sistema de defensa y ataque de los países, monitoreando pantallas, revisando controles, dando mantenimiento a la infraestructura o simplemente trapeando y limpiando las instalaciones.

Y todo para qué ¿Para mantener un arsenal que difícilmente puede ser utilizado sin causarse un propio daño?

Por nuestra parte, ¿Quién no nos dice que andamos cargando una bomba atómica en nuestro interior, supuestamente para defendernos pero con riesgo de acabar con nosotros mismos?

¿Cuántos sentimientos tenemos, supuestamente para protegernos, pero que no podemos utilizar sin hacernos daño a nosotros mismos?

Ejemplo de estas "bombas atómicas" que nos cuesta trabajo mantener es el resentimiento que alimentamos, que nos ata al pasado, que nos impide olvidar lo que nos daña y que nos lleva a lastimar a quienes nos aman. Así como el arsenal nuclear se encuentra oculto y a resguardo, así solemos ocultar esos sentimientos que nos aislan de los demás. De igual forma que mantener esas armas cuesta mucho dinero, cargar esos sentimientos es muy desgastante.

Durante la Guerra Fría, las potencias hacían alarde de su poderío y exhibieron armas con orgullo, cuando deberían sentir vergüenza por tenerlas. También podemos desfilar con sentimientos que supuestamente nos protegen de los demás pero que esconden a una persona temerosa. Durante esos desfiles se escuchan frases como: "Conmigo nadie se mete", "Ya me la hicieron y ahora me la van a pagar", "He sufrido bastante y ya le toca sufrir a otro" y cosas por el estilo.

Bombas de ira, rencor, envidia, egoísmo, soberbia y demás deberían entrar en un proceso inmediato de desarme. ¡Aceptémoslo, no las podemos usar sin dañarnos a nosotros mismos!
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