viernes, 22 de enero de 2010

Lista de préstamos y favores

Alberto Quiroga V.

Generalmente, cuando prestamos algo se nos queda muy grabado el préstamo. Ya se trate de dinero, objetos o favores, lo que damos suele ser recordado en función de la importancia que tenga para nosotros. Mientras más valioso consideremos lo que prestamos, más fuerte será el recuerdo.

Fieles a nuestra naturaleza humana, a veces, o casi siempre, dejamos de lado lo que otros hacen por nosotros. Recordamos lo prestado, olvidamos lo que nos prestan.

Conociendo a muchas personas, cuyas vidas están entrelazadas entre si, me ha tocado ver el juego de prestar y recibir desde fuera, pero aun cuando los préstamos y apoyos van a la par de un lado a otro, sucede que uno de los involucrados tiene una lista muy grande de lo que ha prestado y la lista de lo recibido casi no existe. Cuando quien piensa así revisa sus listas, siente que está en una situación desventajosa.

Esposos o esposas que se expresan de su pareja como si ellos o ellas dieran todo a cambio de nada, viven en una insatisfacción. Están convencidos de que les ha tocado nada más dar y no recibir. Con un pensamiento así, plantado en una tierra egoista, los frutos son insatisfactorios . Traslademoslo a otro tipo de relaciones y los resultados son los mismos.

Cualquiera que sienta que está dando todo a cambio de nada se sentirá frustrado. Solamente un corazón caritativo es capaz de estar tan enfocado en dar que no le preocupe recibir. Pero educados por un mundo egoista, muy centrados en nosotros mismos, comenzamos por hacer una lista muy grande de lo que damos solamente para que esta lista nos cause frustración, porque la comparamos con una lista que está muy vacía pues no nos interesa llenarla con lo mucho que recibimos constantemente.

Hacer una lista de lo que me deben es muy sencilla, la tengo muy clara. La que no es tan sencilla de hacer es aquella en la que debería estar lo mucho que les debo a Dios, a mis padres, hermanos, esposa, hijos, primos, sobrinos, amigos, compañeros o personas anónimas que me han beneficiado. Esa lista no es sencilla pues he llegado a creer que todo eso que me dieron yo me lo merecía aunque ahora debo de aceptar que no. Mucho no fue merecido pero a pesar de ello el amor y la amistad los motivaron a darme algo que yo necesitaba.

Ya he perdido mucho tiempo haciendo una lista de lo mucho que me deben. Es momento de hacer una lista de lo mucho que yo debo. La memoria me fallará, el egoismo me pondrá piedras, la distracción operará en mi contra, pero aun así la intentaré hacer.

Sé que no me contestarás, sé que lo mucho que me diste ya lo has olvidado porque te movieron sentimientos nobles. Aun así, me permitiré jugar y preguntarte sin estar presente: ¿Cuánto te debo? Me contestaré yo mismo, solamente para darme cuenta de que debo mucho más de lo que yo creo que me deben.
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