lunes, 11 de enero de 2010

Con pretexto del frio

Alberto Domingo Quiroga V.

La semana pasada y esta que comienza ha sido de intenso frío para gran parte de México y para otras partes del mundo. Claro está que al hablar de intenso se entiende que se han presentado temperaturas que en cada lugar no son usuales.

También la semana pasada se dio el reinicio de clases y en teoría los estudiantes se deberían haber presentado el jueves y viernes, pero debido al frio, se suspendieron las clases en algunos estados del país, pero no en el Distrito Federal ni en el Estado de México, que son las dos entidades en las que vivo y convivo.

A pesar de no haber suspensión, mucha gente no llevó o mandó a sus hijos a la escuela, por dos razones: Por el frio y porque eran solamente dos días y no se iba a avanzar nada. Así lo escuche en la calle, con conocidos y en los medios de comunicación.

Si bien estaba haciendo frio, no fue tan extremo al grado de usarlo de pretexto para no trabajar. No llevar a los hijos a la escuela por cualquier minucia equivale a mandar un mensaje muy negativo a los niños que seguramente lo asimilaran para la edad adulta y ese mensaje es "no te esfuerces".

En muchos otros paises, el frio intenso, la nieve y las heladas no son un pretexto para no trabajar sino para lo contrario, para trabajar más duro. Lo difícil del clima se interpreta como un elemento a vencer y no a padecer. Pero en México, donde nos sobra y asombra la capacidad de encontrar pretextos, el frio cayó a bien porque así, padres e hijos pudieron quedarse en la camita, calientitos e improductivos.

Entre mis amigos y familiares, surge a veces el tema de la asistencia al trabajo. De esas pláticas, conozco de gente adulta que pone pretextos infantiles para faltar al trabajo, tales como "me duele la panza" "no pude dormir bien" o "estaba el agua fria". Personalmente, he conocido compañeros que sistemáticamente faltan dos veces cada treinta días, porque la ley los protege, cuidando mucho en no exceder las tres faltas injustificadas. Pero lo curioso es preguntarles que hacen en esos días que faltan y que la respuesta sea: Nada.

Muy probablemente estos adultos no recibieron de niños el mensaje adecuado porque si así hubiese sido cuidarían más su responsabilidad y su trabajo y no desperdiciarían su tiempo.

Por otra parte, desde que salimos a vacaciones, el comentario general era que para qué regresaban los estudiantes a clases en jueves, que mejor lo recorrieran al siguiente lunes. Obviamente, nadie habló de recorrerlo al lunes anterior. Curiosamente, también el calendario escolar marcaba como día hábil el 21 de diciembre, lunes, pero todos dieron por hecho que no debían presentarlo.

Nuevamente el mensaje que se les manda a los niños es que se pueden desperdiciar los días bajo cualquier pretexto. Faltando jueves y viernes, para muchos hoy es su primer día y el maestro tendrá que privilegiar a los que no cumplieron asistiendo la semana pasada, porque si continua con su trabajo, podrían acusarle de discriminador, inconsciente o cualquier otra cosa más.

En resumen, seguimos fortaleciendo el vicio del tiempo perdido. No estoy hablando de estar al 100 por ciento en el trabajo o en la escuela, estoy hablando de respeto de tiempos. Porque curiosamente, también se desperdicia el tiempo de esparcimiento y por eso para muchos el salir a vacaciones crea un gran vacío porque al terminarse sienten que no las aprovecharon. Quien no respeta su tiempo de trabajo o estudio, seguramente no respeta tampoco su tiempo libre, porque los vicios suelen extenderse a todas las actividades.

Como padres mandamos mensajes constantemente. Cuidemos que sean los adecuados.
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