miércoles, 3 de octubre de 2012

Lectura de la mano


No creo en las leyes del destino y menos creo que en una mano pueda estar escrito nuestro futuro renunciando a nuestra libertad.

Sin embargo, creo que la mano se puede leer. Lo primero que me enseña es que las líneas que se van formando en ellas son prueba que toda repetición deja huella, para bien o para mal y que sus pliegues son el fruto de miles de flexiones. Las acciones han pasado, los efectos permanecen.

Las huellas dactilares nos dicen que somos únicos y las cicatrices nos platican que crecer a veces duele. En el tamaño y forma de los dedos se puede adivinar a que nos dedicamos y en su disposición para ayudar se puede hallar un reflejo del corazón. Su piel y su destreza nos hablan de la edad.

La mano puede ser puño o saludo; insulto o aliento; bendición o agresión.

Observa tu mano: ¿Qué te dice de ti? ¿Para qué te ha servido? ¿Qué recuerdo tienen de ella los que están junto a ti?
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