viernes, 2 de diciembre de 2011

Ponte las pilas



Los proyectos no avanzan, las llamadas no se realizan, las ideas no fluyen, el trabajo no se termina.

Los trastes se acumulan, la ropa sucia se amontona y la leche se mosquea en la mesa del comedor, entre tortillas duras, restos de comida y azúcar derramada.

El hoyo oscuro se hace cada vez más y más profundo.

Los familiares se preocupan, los amigos se alejan y los clientes cambian de proveedor. Para el que es empleado el despido se acerca y quien tiene su negocio sabe que la consecuencia es la quiebra. A pesar de saber que algo anda mal pareciera que algún demonio inhibe el movimiento y todo indica que la luz que se ve al final del túnel es otro tren que se aproxima y no la salida.

Para los demás, para los que no cargan el peso de ese intangible problema, no hay razón para que todo marche mal, así que los consejos sobran:

¡Anímate! ¡Echale ganas! ¡Ponte las pilas!

Claro, es mucho más barato recomendar pilas que tomar un aparato y ver por qué no funciona, dedicarle tiempo a repararlo y unir los cables rotos.

La cuestión no es saber por qué alguien no se pone las pilas,  el verdadero problema está en saber ¿Sirve recetarle pilas a alguien que siente que no funciona o que no tiene para comprarlas?
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