miércoles, 15 de diciembre de 2010

El Coco



"El arma más poderosa del opresor es el miedo en la mente del oprimido"


No me consideré nunca un niño valiente pero una cosa si les puedo decir: Jamás le tuve miedo al Coco.

Se me hacía ridículo que un monstruo con nombre de fruta me pudiera espantar. Cuando me decian que venía el Coco me imaginaba una figura de chango sonriente hecha de cáscara de coco que vendian como artesanía en Veracruz. Así que nunca me espantaron con ese nombre.

Algo curioso del Coco era que se escondía en el closet, justo en el mismo lugar en el que yo solía ocultarme para librarme de algunas responsabilidades domésticas o para no hacer la tarea. Y me consta que nunca se me apareció todas esas horas que pasé escondido allí.

Ya después me enteré que los sajones le dicen Boogieman y entonces me lo imaginaba patinando en patines de 4 ruedas, es decir, nada que me asustara.

Con esa misma línea, ridiculizar lo que me debería espantar me ha funcionado en muchas ocasiones: Perder un contrato, una supuesta demanda, un jefe que esgrime un despido, un asaltante más nervioso que yo o un cliente muy exigente, todos ellos con cara de changuito sonriente no espantan a nadie y verlos así ayuda a conservar la calma para tomar las mejores decisiones.

Sigo sin ser del todo valiente, pero una cosa les puedo decir: Jamás le tuve miedo al Coco.
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miércoles, 8 de diciembre de 2010

La carta del diablo...



Querido Santa Clos:

Te quiero agradecer por lo mucho que me has ayudado en mi intento de sacar a Dios del corazón de los hombres. En el pasado recibí ayuda de políticos, líderes y militares, pero debo reconocer que con tu bonachona figura has logrado mucho más que todos ellos.

Gracias a ti, mi estimado gordito, la Navidad para muchos no es más que una fecha comercial y ya no se menciona para nada ese Niño Jesús que tanto me (nos) estorba. Quién iba a pensar que con esa panzota lo desplazarías tan fácilmente. Curiosamente, la persecución y el ataque generan mártires y testimonios y se fortalece la fe, tú en cambio, has sido mucho más sutil y mucho más efectivo porque entiendes y representas ese hedonismo que tanto me beneficia.

¡Qué genial estrategia la de sacar la Navidad de Belén y llevartela al Polo Norte, cambiar los ángeles por gnomos y los pastores por renos de nariz roja!

¡Debo reconocer que tu habilidad es casi tan malevola como la mía!

Así que yo también te escribo con gusto una cartita y mientras más sigas desplazando a Jesús, con mayor gusto podré seguir gritando:

¡Feliz Navidad!



Atentamente.

Tu amigo el diablo.

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lunes, 6 de diciembre de 2010

Ellos se juntan



Leí en días pasados el libro "Padre pobre, padre rico". De él me queda la reflexión que comparte el autor sobre la necesidad de reflexionar con quienes nos juntamos o convivimos. Hacer una lista de las seis personas que mas influencia tienen en nuestra vida en este momento dado nos puede dar una idea de lo que seremos en el futuro.

No fui un excelente estudiante pero nunca tuve problemas de calificaciones, mi rendimiento siempre estuvo por encima del promedio a excepción de sexto de primaria, cuando por ciertos problemas baje mucho mi rendimiento al grado de ser amenazado con una expulsión. Reprobaba materias al por mayor cada mes. Nos dejaron en ese entonces un trabajo en equipo y quede de compañero con otros cuatro chicos y nos reunimos en casa de uno de ellos. Recuerdo a su mamá preguntándonos a cada uno cuantas materias habíamos reprobado el último mes y pasamos lista con cinco o seis cada quien. La mamá concluyó: "Dios los hace y ellos se juntan".

Esa fue la primera vez que escuché la frase y se me quedó muy grabada porque me sentí avergonzado de la comparación con quienes en antaño catalogaba de "burros" y en ese momento estaba en su mismo nivel, me sentí muy mal de reprobar y darme cuenta que sin querer estaba yo juntandome con los de bajo rendimiento. ¿Realmente Dios me había hecho burro de un año para otro? ¿O era yo quien por mi dejadez había caído en ese nivel y por lo tanto me sentía cómodo con quien compartía problemas?

Me dí cuenta que era yo quien no hacía la tarea, estudiaba ni me esforzaba.

En otras ocasiones he comentado que la gran mayoría de las veces no buscamos amigos, buscamos complices. Y a veces no podemos acceder a mejores lugares porque no estamos dispuestos a pagar un precio y es más cómodo quedarse con quien no representa exigencia.

Es por ello que la gente improductiva busca gente improductiva, la viciosa, gente viciosa y así sucesivamente. Pocos se atreven a confrontar ideas.

Y es precisamente por el riesgo de acabar siendo como tus "amigos" que los debes de escoger de mejor manera, eso me queda muy claro. Es difícil que alguien corrupto se sienta a gusto con gente honesta. La gente inculta ve burla en la cultura del estudioso y la gente que no se ama a sí misma se ve ofendida por el amor. También por ello el incrédulo se mofa del creyente. Es la necesidad de apoyarse en los demás lo que nos hace buscar nuestros iguales y rechazar a quienes no lo son o también a cambiar nuestras formas de pensar para acoplarnos. Siempre con el riesgo de acoplarnos a lo que nos puede dañar.

Vale la pena reflexionar si somos buena influencia para nuestros amigos y si ellos lo son para nosotros. Vale la pena reflexionar el por qué nos juntamos con ellos.
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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Me sobra dinero



El día de ayer me comentaba un amigo sobre una persona que gana 100 mil pesos al mes. Me dice que es mucho dinero y que no hay manera de gastarlo. Yo insistí en que si se puede gastar y salieron a la plática anécdotas de gentes que se han gastado 15 o 20 mil pesos en una visita a un centro nocturno. Por la charla desfilan boxeadores dando propinas de 100 dolares y pequeños agricultores cerrando la cantina del pueblo por la módica cuota de 10 mil más consumo. Así que llegamos a la conclusión, cien mil pesos puede ser mucho o poco dinero, dependiendo de las circunstancias.

De regreso a la casa viajo mentalmente por los cuentos de Cri crí y recuerdo su escena con el publicista Ditirambo Farfulla, quien buscaba al más rico del país de los cuentos para ofrecerle sus servicios de promoción.

Yo soy rico -exclama Cri crí- gasto menos de lo que gano y siempre me sobra. 

Farfulla ve la modesta presencia del grillito y lo ignora.

Y uniendo plática y cuento veo la gran dicha de que uno tenga el suficiente dinero y siempre le baste, que no es lo mismo que tener mucho y que siempre falte.

Considerando la paradoja del dinero que dice que mientras más tienes más gastas, quiera Dios que en estos tiempos difíciles podamos expresar como el grillito cantor: Soy rico, gasto menos de lo que gano y siempre me sobra.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El elefante y la palmera



Entre los muchos recuerdos que tengo de mi escuela, está la de un compañero que preguntaba ansiosamente si alguien había visto un elefante oculto detrás de una palmera. Nunca faltaba el despistado que respondía que no, para escuchar la burla: Qué bien se esconde ¿No?

Se dice que se puede saber lo que se oculta por la manera de tratar de ocultarlo. Muchas veces el violento oculta detrás de su agresividad un miedo tremendo a enfrentarse su pequeñez. Otros ocultan detrás del puesto o el organigrama su incapacidad de tomar decisiones. Detrás de las burlas se puede ocultar la envidia y la infidelidad puede intentar disfrazarse de aventura.

Nuestros errores no son para andarlos mostrando a todo el mundo. Podemos correr el riesgo de encontrarnos con un solapador que nos los consienta o con un aprovechado que se sirva de ellos. Pero si bien no se deben mostrar, muchas veces tratar de ocultarlos los hace más evidentes y presentes. Por eso da miedo intentar esconder mis errores tan grandes como un elefante tras complejos y pretextos tan delgados como un tronco.

Hay dos maneras de que no vean al elefante oculto detras de la palmera: O lo escondo muy bien o simplemente lo desaparezco.

Con mis errores pasa igual: Puedo esconderlos o intentar corregirlos para desaparecerlos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Análisis FODA: Detectando oportunidades.





Continuando con el tema del FODA, paso ahora al punto del entorno, donde conviven oportunidades y amenazas.

Si una empresa o persona quiere crecer, necesariamente debe buscar un cambio en lo que hace actualmente. Las oportunidades son esa posibilidad de mejora.

Con respecto a las oportunidades podemos comenzar por mencionar que no se pueden aprovechar si no se reconocen. De igual manera que con las fortalezas, solamente tomando conciencia de ellas es como pueden ser tomadas. Haciendo una analogía con el tránsito citadino, las oportunidades son rutas o vías alternas que nos permiten llegar rápido a nuestro destino, las amenazas son congestionamientos, bloqueos o hasta delincuencia en los semáforos. Mientras mejor conozcamos por donde nos movemos más agradable puede ser el viaje.

¿Cómo detectar una oportunidad? Nuevamente debemos ser muy inquisitivos, preguntarnos constantemente que hay en el medio que puedo aprovechar. Comparto contigo algunas sencillas preguntas.

¿Existe un tipo de clientes que puedo atender y que no lo he hecho?
¿Estoy atacando todos los ramos posibles?
¿Mi producto o servicio puede sustituir a otro?
¿Mi competidor está descuidando a algunos clientes que yo puedo atender?
¿Puedo modificar mis productos o servicios para satisfacer una demanda?
¿Tengo alguna capacidad que estoy desaprovechando y que se necesita en el mercado?

Respondiendo esas preguntas probablemente también detecte amenazas si las pongo en función de los demás. Por ejemplo, puede ser que una empresa competidora haya detectado que yo estoy descuidando mis clientes y comience a ver en esa falla un área de oportunidad propia.

Se dice que las oportunidades no se pierden, otros las aprovechan. Cada oportunidad no aprovechada es un paso de costado para que otro entre al quite. ¿No te ha pasado que se te ocurre una idea, pero se queda en eso y tiempo después ves que otra persona si la puso en marcha? Ese es el más claro ejemplo de que las oportunidades que dejes otros las aprovecharan.

Para evaluar si una situación es una oportunidad, es conveniente someterla a un estudio de costo beneficio. Cuánto me va a costar tomarla y cuanto obtendré de ello. Mal manejada, una supuesta oportunidad se convierte en una amenaza. El más claro ejemplo que puedo darte de ello es aquel que se presenta cuando un cliente fuerte y poderoso somete a una pequeña empresa a un pedido muy grande. Lo he visto varias veces. La empresa pequeña se deshace de algunos clientes por no poderlos atender, se enfoca casi al 100 para atender a su "gran" cliente, quien le pone condiciones en precios y entregas que pueden llegar a ser lesivos. Y si de golpe cesan los pedidos, la empresa se queda sin el cliente grande y sin los pequeños que hizo a un lado.

Pero recordemos que siempre hay riesgos y que deben ser tomados, pero inteligentemente. Podemos moldear una oportunidad para no tomarla toda y si la parte que nos conviene. Retomando el ejemplo del párrafo anterior, se puede negociar con la empresa grande para no tomar todo el pedido sino una parte o maquilar para no desatender a los clientes actuales, para estar prevenidos ante un cambio en la tendencia.

Las oportunidades están. Poner atención en ellas nos ayuda a detectarlas y obviamente, a utilizarlas.
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martes, 23 de noviembre de 2010

Creer en alguien

A

Dicen que para dejar huella uno debe tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Yo creo que se puede dejar huella creyendo en alguien, ayudándolo a encontrar un valor aparentemente oculto o perdido.

Por estos días en diferentes conversaciones he confirmado como puede influir en una persona el que crean en ella. Maestros que han creído en sus alumnos los han transformado de flojos a brillantes, madres que han creído en sus hijos los han llevado de pecadores a santos, líderes han transformado personas de oscuras a brillantes.

Cuando entré a la primaria no sabía ni leer ni escribir. Pasaron los meses y yo seguía igual. Mi maestra estaba desconcertada y la directora mando llamar a mi papá para informarle que me iban a regresar a pre-primaria y si allí no funcionaba me sacarían de la escuela porque seguramente tenía yo un retraso mental. Recuerdo a mi padre discutiendo con la directora, ella lo amenazó con reprobarme el año y mi padre le dijo que si yo reprobaba, reprobaba y ya, pero que de ninguna manera permitiría que me regresaran de grado, que yo era muy inteligente y que aprendería a leer muy rápido. Confiado en lo que dijo mi padre, aprendí en pocas semanas y salve el año.

Mi padre creyó que era muy inteligente y yo le creí a él. Ese recuerdo de mi padre defendiéndome no se me borró nunca y muchas veces lo use como antídoto ante situaciones y personas que intentaban demostrarme que yo era muy bruto.

En esto me considero afortunado, la numerosa gente que ha creído en mi ha resultado como una inyección de adrenalina en momentos difíciles. De allí constato la importancia de creer en alguien.
Por mi parte y como justa retribución, he creído en muchas personas. Algunas no han merecido esa confianza ni ese afán, pero los considero el pago de llegar con otras que si lo merecen y que me permiten trascender.

Claro está que al leer estas líneas probablemente estarás recordando a algunos que te han defraudado; pero insisto, ellos son el pago o el riesgo de creer. A mí también me han defraudado y he aprendido a alejarme rápido, aun así insisto en creer pero inteligentemente. No se trata de confiar ciega o tontamente, la confianza también se gana. Pero a pesar de los fracasos debemos darnos la oportunidad razonada de seguir creyendo y transformando. Eso nos lleva a permanecer más allá de nuestro nombre o nuestra imagen.
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Análisis FODA: Partiendo cachitos


(Este escrito es continuación de: http://albertmingo.blogspot.com/2010/11/analisis-foda.html)

Analizar no es otra cosa que separar, de allí viene su sentido etimológico. Si te encargan un análisis de sangre, donde tú ves un líquido rojo los laboratoristas ven una mezcla con Glucosa, Urea, Creatinina, Acido Urico, Colesterol y Triglicéridos. Vamos a platicar de cómo comenzar el análisis tomando como ejemplo esto de la sangre.

Puede ser muy complicado pararte frente a lo que vayas a estudiar aplicando el FODA a menos que lo vayas separando como la sangre. Una sugerencia es que vayas visualizando diferentes actores y recursos para irles descubriendo a cada uno de ellos cualidades o desventajas.

Dependiendo de la sencillez o complejidad de una empresa, puedes comenzar con El Personal, las Instalaciones, las Herramientas y los Equipos de Trabajo, los Métodos de Trabajo, los Productos y los Servicios.

Recordando de la introducción que una Fortaleza es todo aquello que nos pone (o puede poner) en situación ventajosa frente a competidores, clientes o proveedores y que una Debilidad es lo contrario, procedamos a escribir en sus respectivas columnas lo que vayamos apreciando. Hazte tantas preguntas como consideres conveniente para descubrir fuerza y debilidad. Yo te doy algunos ejemplos.

Personal
¿Está capacitado? ¿Cuentas con él cuando hay presión? ¿Tiene iniciativa? ¿Exige mucho y trabaja poco? ¿Atraen o ahuyentan a los clientes?

Instalaciones
¿Son lo suficientemente amplias? ¿Se las presumes a tus clientes? ¿Favorecen tu trabajo? ¿Están limpias y ordenadas?

Herramientas y Equipos
¿Te sirven para hacer todo lo que necesitas? ¿Los usas en todo su potencial? ¿Conoces sus capacidades máximas?

Métodos de Trabajo
¿La forma en la que hacen las cosas es la mejor? ¿Revisas constantemente maneras de optimizar? ¿Favorecen la producción?

Productos y servicios
¿Sabes en que son mejores o diferentes de la competencia? ¿Conoces todas sus características? ¿Sabes todas las necesidades que pueden satisfacer?

Conocer mis puntos fuertes es muy importante por una simple razón, no los puedo utilizar si no los conozco. Aunque parece imposible que alguien posea una fortaleza sin conocerla, durante algunos diagnósticos me ha tocado descubrir equipos o herramientas que tiene años guardadas o sin utilizar, rechazando trabajos por no "tener" con que hacerlos, mientras esas máquinas están allí, avejentándose.

También he conocido personas con excelente trato personal, pero que carecen de la suficiente cantidad de ventas porque esperan a que les llamen los clientes para comprar en lugar de salir a buscarlos utilizando precisamente está capacidad de relación.

Por el contrario, no es raro escuchar a gente que se la pasa vendiendo sus debilidades. Le piden una producción y antes de saber la fecha de entrega ya está pidiendo tiempo extra mencionando que ese proceso es muy tardado porque no tiene toda la capacidad que quisieran. Si el cliente no sabía o temía eso, descubrirle esta debilidad le hace dudar.

Con una buena lista de Fortalezas y Debilidades, podemos tomar conciencia para aprovechar unas y compensar u ocultar las otras.

Si tu producto tiene la debilidad de no tener el precio mas bajo del mercado pero al mismo tiempo tiene la fortaleza de tener un buen margen de utlidad en costo beneficio, debes manejar las negociaciones en el largo plazo y no en el precio.

Vuelvo a mencionar que lo interesante del FODA es que jugando un poco con la imaginación, podemos transformar una debilidad en fortaleza y estar atentos de que el proceso no ocurra en sentido contrario.

Por ejemplo, un personal muy capacitado puede ser una fortaleza, pero si eso deriva en soberbia y cae en el juego de demostrarle al cliente que se sabe más que él, los conocimientos pueden derivar en una actitud perjudicial a la empresa.

En teoría unas instalaciones amplias y espaciosas pueden ser una fortaleza, pero si acaban como bodega de todo lo que no quiere el dueño en su casa lo convierte en una debilidad por la mala imagen. He visto salas o muebles abandonados en patios de fábricas, cosa que no sucedería si las instalaciones fueran más pequeñas y obligaran al dueño a buscar otro "depósito".

Para ir cerrando, el inventario de Fortalezas, tanto actuales como potenciales, nos ayudan en nuestras negociaciones con clientes y proveedores, nos dan ventaja frente a los competidores, sí las utlizamos para inclinar la decisión hacia nosotros.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Análisis FODA



Considerado una herramienta de cambio, el análisis FODA permite evaluar el potencial interno y el entorno de una empresa para establecer estrategias de desarrollo, acciones y planes.

El nombre viene de los cuatro conceptos sujetos a estudio. F-ortalezas, O-portunidades, D-ebilidades y A-menazas.

Las fortalezas y debilidades definen la situación interna de la empresa. Las primeras se refieren a cualquier condición o característica que la situé en posición ventajosa frente a competidores, clientes o proveedores. Las segundas se refieren a todo aquello que la pone en desventaja.

Por su parte, oportunidades y amenazas se refieren a lo externo, al mercado, indicando áreas de crecimiento o expansión en el caso de las oportunidades y en lo que a amenazas se refiere se contemplan peligros que puedan reducir las ventas o hasta acabar con la empresa.

Como en todo, el análisis puede ser tan sencillo o elaborado como se quiera. Se puede contratar a un consultor externo para elaborarlo o se puede comenzar con un ejercicio simple en una hoja de papel dividida en cuatro por una cruz, para asignar un espacio a cada concepto. Después basta anotar en su correspondencia todo aquello que vayamos identificando como fortaleza, debilidad, oportunidad o amenaza. Ejemplos de fortalezas pueden ser contar con personal calificado y comprometido, equipos de trabajo actualizados y eficientes, información técnica de primera mano y revisión continua de procedimientos de trabajo.

Hablar de debilidades es mencionar por ejemplo maquinaria obsoleta, personal poco calificado y comprometido, alto tiempo de respuesta, baja capacidad económica, ausencia de controles administrativos y falta de liderazgo.

Las oportunidades pueden ser descubrir un mercado que requiere de atención, la detección de una necesidad poco satisfecha, la posibilidad de ofrecer por nuestra parte un sustituto más económico y eficiente o la generación de una demanda para un producto novedoso fabricado por nosotros.

Las amenazas tienen sus ejemplos más comunes en los ataques que manda la competencia, en los cambios de tendencia del mercado hacia productos diferentes a los nuestros, el crecimiento en el poder negociador del cliente o en políticas gubernamentales que incluso pueden provocar que ramos completos desaparezcan.

Lo interesante del análisis FODA es que permite a quien lo realiza tener una visión diferente y completa de su negocio. Muchas personas no venden sus fortalezas sino sus debilidades y no detectan ni las oportunidades hasta que se pierden ni las amenazas hasta que se ven lastimados.



Una empresa que sabe sus fortalezas las puede utilizar de mejor manera. Me ha tocado conocer empresas que tienen una fuerza tremenda pero dormida, a veces ni siquiera saben que la tienen o paradójicamente la ven más como una debilidad. Con las debilidades puede suceder lo contrario, que no las conozcan y por ello las estén mostrando constantemente a todo el mundo diciendo "pégame por aquí".

En cuanto a las oportunidades y amenazas, ya conociendo fortalezas y debilidades pueden ser mejor aprovechadas unas y repelidas las otras. Si un competidor te quiere atacar con mucha fuerza y tu fortaleza es la rapidez de respuesta puedes compensar el ataque con velocidad, por ponerte un ejemplo.

Por último, algo interesante del análisis FODA es que podemos darnos cuenta que con habilidad, una debilidad se puede transformar en fortaleza y una amenaza en oportunidad y también podemos prevenirnos de lo contrario, porque muchas empresas descuidan sus fortalezas y acaban por convertirse en su punto débil.

A nivel personal también se puede realizar un análisis de este tipo. Yo suelo sugerírselo a quienes están buscando trabajo, ya que les será más fácil "venderse" ante el entrevistador al tener conciencia de su fuerza y debilidad. Concentrados en lo positivo y conscientes de ello, quienes se postulan a un puesto pueden utilizar sus fortalezas para empatarlas con las oportunidades que está buscando la empresa.

Prometo ampliar un poco más este tema tomando como introducción el presente capítulo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Escribiendo en internet


Aunque no la entienda del todo me las tengo que ver con internet todos los días. Ya es mi herramienta de trabajo.

Invierto mucho tiempo revisando el correo y tratando de contestar todo lo que me llega en una sola cuenta. Por eso me admira qué haya personas que tienen cinco o seis correos personales.  Lo sé porque cuando envió una cotización y llamo para el seguimiento, llego a escuchar: ¿A cual me lo enviaste? ¿Al de hotmail o al de Gmail? Porque ahorita el que mas ocupo es uno de hotmail pero no el que te di sino otro que abrí con el mismo login pero terminacion 68, ora que si me lo enviaste al de terra, ese solamente lo uso para una exnovia que aun quiere conmigo, que es igual al de mi tarjeta pero ves que ese es de prodigy, claro, a menos que te haya dado el de cablevisión que me acaban de dar porque contraté cable... 

El internet lo intento usar para comunicarme, pero para que se dé ese proceso se necesita un emisor y un receptor y muchas veces mando un mensaje y no se si lo demás lo reciben porque poca gente da respuesta. No me gusta arriesgar y si el correo es importante, tengo que llamar para confirmar que lo recibieron y muchas veces hasta molestia encuentro cuando escucho un "Claro que lo recibí, me lo mandaste, ¿No?" Sé que lo mande, eso no significa que llegó, que lo leyeron y que no hay dudas, pero entiendo que la gente ve las cosas desde su perspectiva.

Soy muy afortunado. Tengo amigos con quienes he compartido proyectos, aventuras, ratos de ocio y hasta dificultades, tal vez por eso no me hallo en las redes sociales, donde me siento frío y ajeno. Acostumbrado al trato personal y con un motivo en común con quien me relaciono no me explico porque Juani Zarza quisiera ser mi amiga si está en Argentina, no la conozco, no sabe bien quien soy ni que hago, nunca le escribo y ya le dije que no soy el Alberto Quiroga de la ciudad de Mendoza, Arg. que ella conoció alguna vez en una fiesta, por lo tanto me entristecen aquellos que tienen cientos de amigos en Face Book y se siguen sintiendo solos.

Suelo escribir para quienes me conocen. No encajo en los blogs donde se pelean personas que no se conocen defendiendo temas que el tiempo revela intrascendentes y agrediendo a gente que nunca han visto. Que si Ronaldo es mejor jugador que Messi es una pregunta que puesta en un foro para provoca que miles intenten demostrar que el mejor de los dos es el Chicharito Hernández o cualquier otro jugador. De allí pasar a discusiones racistas, homofóbicas y agresivas es una sola cosa. Y mientras tanto esos jugadores bien tranquilos en Europa.

Claro que en cadena de cuestionamientos llego al tema de mis escritos y mi blog, y me pregunto por qué sigo escribiendo si son muy pocos los que responden. A eso yo mismo me contesto con algunas palabras de ustedes amigos, agradeciendome estos afanes. Y es en ese momento, cuando internet nos sirve para acortar distancias y acercar corazones, que recuerdo mi naturaleza humana y voy entendiendo muchas de estas cosas.
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jueves, 11 de noviembre de 2010

El principio del desorden



Uno de los trabajos más extenuantes y menos reconocidos es el del hogar. Quien hace el quehacer suele decir que nunca se acaba, que siempre hay algo que limpiar, arreglar o corregir. Por ser desgastante, en ocasiones se buscan alternativas y una que he escuchado muchas veces es la de cerrar un cuarto o varios para evitar tener que arreglar.

En teoría suena como una buena alternativa. Cerrar un cuarto una vez que se ha limpiado para descansar de su acomoda diario puede parecer atractivo, pero lo que se conoce como "el principio del desorden" se presenta aun sin la intervención humana. Un cuarto cerrado se llena de polvo, el aire se envicia, los insectos se enseñorean saliendo de quien sabe dónde, los materiales se vencen y se rompen, dañando los muebles y adornos. Abrir un cuarto cerrado es encontrarse con trabajo de limpieza.

Y si esto sucede con un cuarto arreglado y cerrado, en instalaciones abandonadas el desgaste es más dramático. Crece la vegetación, se cuartean las paredes y pisos, se zafan tornillos, se pudre la madera y el óxido corroe los metales.

La única manera de mantener el orden es inyectándole energía porque no hacer nada ayuda al desorden.

En la física se tiene muy claro este Principio del desorden, también conocido como Principio de Irreversibilidad. Para explicarlo se usan algunos ejemplos como es el caso de una baraja acomodada con todas las cartas cara arriba. Si la metemos dentro de una bolsa y la agitamos, al sacar las cartas estarán en desorden y para volverlas a ordenar se requerirá mucho más trabajo que el que invertimos para desordenarlas. Nadie podría pensar que un buen método para volverlas a acomodar sería el meterlas nuevamente a la bolsa y repetir los movimientos que hicimos en la primera agitación.

Estas son las reglas del juego. Desordenar es fácil, ordenar requiere de esfuerzo.

Pero el hombre, acostumbrado a violar leyes, intenta hacerlo también con este principio del desorden. Llegamos a creer que las cosas se arreglan por si solas, que si cerramos los ojos los problemas van a desaparecer y muchas veces se clausuran "cuartos" confiando en que permanecerán ordenados.

Hay situaciones que tienen implicaciones y en las que es muy seductora la idea de mirar hacia otro lado. Pero cerrar un cuarto significa ceder espacio y abrirlo tiempo después significa decepción.

¿Cuándo cerramos un cuarto? A veces lo hacemos cuando decimos "ese no es mi problema" a pesar de que sabemos que sí lo es y cuando en nuestro interior algo nos dice que lo que está pasando está mal pero nos zafamos de hablar en contra de ello con un "cada quien su vida".

Aunque la teoría nos tiente para hacernos de lado el principio nos recuerda que quien no ayuda al orden está cooperando con el desorden.
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viernes, 5 de noviembre de 2010

Hasta donde quieres llegar...



La frase ¿Hasta donde quieres llegar hoy? se hizo famosa por Microsoft, quien la utilizó como lema publicitario. La pregunta es muy interesante porque me consta que la mayoría no se la formula y mucho menos se la contesta.

Mucha gente sobrevive cual zombie y trabaja porque todos trabajan, compra lo que todos compran y ve los programas que todos ven. Por la falta de objetivos pocos son realmente concientes de lo que están haciendo.

¿Hasta dónde quiero llegar? debería de ser una pregunta constante y mientras la respuesta nos mande más lejos, más empeño pondremos en preparar el camino si es que queremos realmente llegar allá. La realidad es que muchos empleados no ven más lejos del día de quincena, los estudiantes no alcanzan a ver más allá del fin de año escolar o la próxima entrega de calificaciones y los empresarios a veces no pasan del aguinaldo que está próximo y que representa gastos.

El día de ayer, un asistente a las conferencias que impartimos, ante mi invitación a participar en la cena anual de la empresa intentó zafarse del pago del boleto argumentando que quien sabe si llegue al 4 de diciembre. Le contesté que si tenía pensado morirse, podría dejarme pagado el boleto y marcharse en paz. Confrontado con la idea de morir, este hombre de sesenta años me dijo que tenía planeado vivir por lo menos 10 años más.

Sé que nadie tiene la vida comprada pero ¿Por que sólo 10 más? me pregunté mentalmente y recordé una interesante plática de un experto en envejecimiento que mencionaba que aquel que se ha hecho a la idea de que va a morir a los 60 años, a los 50 o 55 baja su ritmo de trabajo y abandona los planes a largo plazo porque ya se va. Pero si todos nos hicieramos el plan de vivir por lo menos 100 años, a los 40 seguiríamos cuidando el cuerpo, la mente y el espíritu porque aun falta más de la mitad de la vida por vivir.

El efecto psicológico de esto es interesante. Por analogía, lo podríamos comparar con los carros que dan las compañías a sus empleados: Quienes no quieren hacer carrera en la empresa los descuidan y maltratan, los usan con la clara idea de que no son suyos y de que no les va a durar más de dos años, ya sea el auto o el empleo.

Preguntarnos a dónde vamos nos puede ayudar a evitar desgastes y recorridos infructuosos. Quien no hace planes desperdicia sus esfuerzos, quien los hace exclusivamente a corto plazo genera respuestas de corto plazo. Quien hace planes en el largo y el eterno plazo es capaz de desarrollar esfuerzos sorprendentes.

Y en parte depende de plantearse la pregunta y responderla adecuadamente.
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jueves, 4 de noviembre de 2010

Partiendo de la base equivocada





Un inversionista quiso hacer un edificio para alquilarlo a profesionistas, la idea era hacer una torre de despachos médicos, contables y jurídicos.

El problema comenzó cuando contacto a un arquitecto al que le convenía construir una escuela y éste le envió una propuesta para hacer una, en donde en unos planos muy profesionales se veían claramente las aulas, los laboratorios, la biblioteca y la cafetería. Los rechazó indicando que estaba mal y recibió por respuesta que si los salones eran muy pequeños se podrían agrandar.

Después recibió una invitación para inscribir la escuela en una asociación de Colegios particulares. Le llegaron cotizaciones de proveedores de pupitres, pizarrones y material didáctico. Su correo se llenó con cientos de currículos de profesores que buscaban ocupar puestos de director y maestro y una distribuidora de dulces y botanas le hizo una propuesta para hacerse cargo de la venta de comida a los alumnos. Hasta recibió solicitudes de inscripción al examen de admisión.

El inversionista comenzó a dudar de si realmente quería hacer una torre de despachos.
 


Actualmente veo que se está partiendo de bases equivocadas, a tal grado que algunos dudan de si las que teníamos originalmente siguen siendo válidas. Muchos padres ya no saben qué papel adoptar frente a sus hijos y menos se atreven a ponerles límites.

En estos días escuche un comercial en la televisión donde se invita a los niños a votar vía mensaje de celular (con costo, obviamente) para elegir entre tres diferentes programas. Se les dice a los niños que ellos tienen el control para definir qué es lo que quieren ver y cómo se le está pidiendo un pago a un menor de edad, la televisora se cubre con una sugerencia: "Consulta con tus padres antes de enviar el mensaje".

Primero le dicen al niño que tiene el control, lo invitan a gastar y después le sugieren que consulte. Pero eso de consultar me suena a que si ya te decidiste simplemente avisa.

Los niños ya no piden permiso, a lo mucho consultan o avisan.

Es excelente que los niños tomen decisiones, si partimos de la base que tiene la capacidad y madurez para todas las decisiones que se les está invitando a tomar. Pero la realidad es que infantes y jóvenes están sometidos perversamente a propuestas que en realidad son manipulaciones que aprovechan precisamente su falta de capacidad y madurez. Tal es el caso de la publicidad que manda un mensaje de libertad a costa de pasar sobre la autoridad de los padres, simplemente para esclavizar por medio del consumismo.

Una fábrica alemana de autos utilizó un comercial en el que un joven desoye los consejos de sus familiares adultos para adquirir un auto para poder sentirse en libertad a pesar de aceptar que lo que le dicen padres y abuelos es válido. Antagónicamente, los jóvenes quedan esclavos de una falsa idea de que no se puede ser libre a menos que desoigas consejos y tengas posesiones. Este concepto repetido muchas veces, con diferentes enfoques pero con el mismo objetivo, causa muchos problemas a los padres actuales, que deben lidiar con ideas que muchas veces van en contra de las bases que ellos tuvieron.

Al papel del padre y la madre, de guías y responsables ahora se le transforma en simples proveedores, en muchos casos casi oligofrénicos. Los viejos, que antes daban consejos, ahora sirven para ejemplificar el estorbo y son motivo de risa. La figura de los padres está completamente ausente en muchos programas de televisión y demasiados bebes de hoy están siendo educados por sus abuelos ¿Quién y cómo educará a los bebes de la siguiente generación?

Y gracias a todo esto, muchos están dudando de sus propios principios, como el inversionista de nuestra historia, con la tentación de dejarnos llevar, aceptar esas reglas que no nos checan y decir simplemente: En este mundo nos toco vivir.

Hablando de cimientos, por el sismo del 85, en la Ciudad de México se cayeron muchas instalaciones dedicadas a la maquila de ropa y murieron muchas costureras: Esos edificios estaban planeados inicialmente como habitacionales, con una carga estática y dinámica muy diferente para la que estaban siendo utilizados cuando se derrumbaron.

Toda sociedad funciona y se mantiene mientras no se atacan sus cimientos, que la historia nos marca en los conceptos de Familia, Trabajo, Valores espirituales, Patriotismo, Esfuerzo y disciplina. ¿No son acaso estos mismos valores a los que constantemente se atacan en la publicidad y los medios de comunicación y entretenimiento?

Estamos en una sociedad que está buscando asentarse en bases que no la podrán sostener. Si bien al mundo consumista de hoy le convienen jóvenes que no produzcan y gasten, ese mismo mundo consumista mañana se encontrará con un gran número de adultos improductivos.
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martes, 2 de noviembre de 2010

No tengo ni idea…



Cualquiera que guste de enfrentarse a lo desconocido ha dicho la frase. Cualquiera que busque zafarse de problemas también.

No tengo ni idea es un recurso muy socorrido para aquellos que les dicen a los demás “No me preguntes a mí” o “búscate otro culpable”.

¿Alguien sabe por qué no funciona la copiadora? No tengo ni idea, puede ser la respuesta, aderezada con algunos adjetivos peyorativos entre las palabras ni e idea.

Pero no es a ellos a quienes dirijo este escrito sino a aquellos a quienes la búsqueda de respuestas parece detenerse ante un callejón sin salida y allí sí, con toda la humildad del mundo, reconocer que no saben cómo salir de un atorón.

Son muchas las ideas que han cambiado la vida para bien a quienes las desarrollaron. Los inventores son el más claro ejemplo de esto. George de Mestral inventó el velcro y eso les ha ahorrado broncas a las mamás que se han olvidado de batallar con agujetas, cierres y botones para vestir a los niños al ir a la escuela. Un simple juntar ambas cintas y ya, la lonchera asegurada, el zapato ajustado y la chamarra cerrada. Y de paso volvió rico a Mestral.

Pero parece que no todos somos un Mestral, un Edison o un Bill Gates, a quienes esas ideas brillantes fluyen sin cesar. La realidad es que al común de nosotros las ideas parecen esconderse y ponerse en huelga de brazos caídos.

Pero aquí viene algo interesante, si no tenemos ideas no es por falta de capacidad sino por falta de habilidad para generarlas. Todos somos inventores en potencia y si no recuerda la última vez que llegaste tarde a una cita o a tu casa, tal vez la historia que inventaste podría servir de base a una novela de Julio Verne.

La realidad es que las ideas no llegan por si solas. Nosotros solemos ver los resultados de las investigaciones pero pocas veces ponemos atención en el proceso, tiempo y esfuerzo para lograr ese resultado. Por eso si una idea no nos llega con la “rapidez” esperada esto acaba por desesperar.

Algunas consideraciones:

Los procesos creativos no son aleatorios, no dependen de la suerte. Los inventores suelen llevar un proceso definido, tomar notas, comparar y probar, probar y probar.

El esfuerzo y la motivación son fundamentales. Un inventor considera los fracasos como aprendizajes. Edison mencionaba que cada que fallaba en su intento por inventar la bombilla en realidad descubría una forma en la que no se podía fabricar, por lo tanto se acercaba a su objetivo.

Cubrir una necesidad es importante para ser creativo. Arrojar pintura contra una pared y después buscarle forma puede servir para tener un minuto de fama en la televisión, pero los procesos creativos permanentes son el resultado de llenar una necesidad. Bill Gates se propuso colocar una computadora en cada hogar mientras otros científicos consideraban que la computadora tendría exclusivamente cabida en grandes universidades y empresas. Con base en esa idea, Gates buscó hacer más accesible y amigable el uso de las computadoras y trabajó arduamente para ello.

Involucra todo tu ser. Es mentira que pensemos exclusivamente con lo que se genera dentro del cerebro. Nuestros sentidos mandan constantemente información y mientras más manden mejor. Algunos inventores recordaban la infancia llena de carencia, el estómago vacío, los piquetes de las pulgas y eso los motivaba a seguir creando. Beethoven, escondiéndose de su casero, retomó los golpes en la puerta de su casa para escribir la famosa entrada de su Quinta sinfonía.

El sentido más utilizado es el de la vista, pero el que recibe más estímulos es el del tacto, (la piel es el órgano más grande del cuerpo) constantemente sentimos frio o calor, presión, rugosidad o lisura. Pero a este sentido y a los del olfato, oído y gusto acabamos por perderles potencia por descartarlos. Pon más atención a lo que sientes con toda tu piel, cambia el oír por el escuchar, detente a percibir olores y no comas aprisa, para que utilices el gusto. Esto alimentará más tu cerebro y tendrá más elementos para escoger.

Si quieres ser creativo, júntate con gente creativa. Si no la tienes a la mano, lee historias de inventores, pero ponle atención a todo el proceso y no te quedes únicamente con los resultados que se publican en las biografías de la papelería.

Edison, después de cientos de intentos por inventar la bombilla, después de cientos de bombillas fundidas, a pesar de cambiar las condiciones del filamento y del voltaje, se sentó a una mesa y dijo: “Ahora sí, mi cerebro está vacío”.

Y en ese momento recordó que en el vacío no existe combustión, extrajo el aire de una bombilla y la encendió sin que se fundiera.

Así que ánimo. Si quieres ser creativo, no tener idea no es el final, es el principio.
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martes, 12 de octubre de 2010

Como alguien que se ahoga


Uno de los peligros que tiene cualquier salvavidas es que al intentar rescatar a una persona, ésta en su desesperación se le aferre de tal manera que le impida hacer su trabajo, hundiendo a ambos. Por eso los rescatistas prefieren llegar por la espalda, evitar ser vistos y tomar del cuello o inclusive del pelo a quien se está ahogando.

Pensando en ello me pregunto cuantas veces sintiendo que me ahogo viene Dios en mi ayuda y yo intento aferrarme a él no con la confianza de que me puede salvar sino temeroso de que me suelte y es mi misma desesperación la que le impide que El actúe.

Se dice que Dios aprieta, pero no ahorca, tal como le hace un salvavidas. A veces no podemos ver claramente su acción porque tiene que actuar de maneras que no entendemos, pero siempre acaba por salvarnos si nos dejamos llevar por El.
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viernes, 1 de octubre de 2010

Me encanta el spam

A.

"No puedes decidir que no te llegue el spam; si puedes decidir que hacer con él"

Debo confesarlo, me encanta el correo no deseado, el famoso spam. Lo descubrí porque me negué muchas veces a programar mi correo para borrarlo inmediatamente, siempre con la precaución de si por error se iba para allá algún correo realmente importante.

La verdad es que nunca aparecía en la bandeja de spam un correo importante para mí. Fue cuando me di cuenta que el spam me permitía por momentos jugar y distraerme, sentirme apreciado después de que un cliente me cancelaba un proyecto o creerme parte de algo cuando en la soledad de mi computadora me encontraba sin ideas para avanzar.

Con el spam se que hay alguien que se preocupa por mi salud, así me lo dicen los muchos correos que me ofrecen (por si se llegan a necesitar), desde vitaminas y minerales hasta viagra sin receta médica. Por lo mismo sé que se interesan mucho por mí en el Caribe, ya que me mandan continuos ofrecimientos de viajes y hoteles para disfrutar de esas merecidas vacaciones que no he podido tomar desde hace años.

También me llegan docenas de correos avisándome que hay un desgraciado que se ha intentado meter a mis cuentas de Banamex, Bancomer, City Bank y American express, además de muchos otros bancos que yo no conozco, ni en los que sabía que tenía inversiones, por lo que me siento más confiado sabiendo que hay donde echar mano en caso de que llegue a necesitar dinero. Y es gracias al spam que me he enterado de la existencia de estas cuentas mías.

El spam me dice que del otro lado del mundo, de China, varias empresas han descubierto mis dotes de vendedor y quieren que sea su distribuidor, ya sea de celulares, ipods, pantallas de plasma y cualquier cosa electrónica que pueda desear el hombre moderno.

No puedo dejar de mencionar que me entristece cada vez que me avisan que se murió un tío mío y que me ha dejado como único heredero (justo a mí, entre tantos hermanos y primos que tengo) pero al mismo tiempo me alegro que el tío pensó en mí y me dejó toda su fortuna a cambio de unos miles de dólares que debo depositar en un banco de Inglaterra, para cubrir los trámites legales.

Gracias a ese correo "no deseado" me entero que en Brasil me están esperando a mí (sí, únicamente a mí) para cerrar un programa de certificación, a veces de ventas, a veces de oratoria o hasta de clases de zumba, pero siempre es a mí a quien le ofrecen el último lugar y por quien no puede arrancar el curso, lo que resalta mi importancia.

También, religiosamente, desde Australia, una anciana y rica viuda no puede sino pensar en mí para dejarme toda su fortuna porque su difunto marido la ha dejado sola y ella se siente morir sin él y sabe que yo soy una buena persona, que haré excelente uso de ese dinero, por lo que solamente me pide un pequeño apoyo para pagar la transferencia bancaria.

Es por el spam que sé que he sido seleccionado entre miles de millones de personas para arrancar un negocio que me hará rico en poco tiempo. Eso me hace sentir importante. Debido al correo no deseado que me llega por decenas sé que estoy en la mente de muchos de una manera mucho más permanente que en la de mis amigos, porque mientras estos me mandan un correo de vez en cuando, la gente de spam me manda cientos a diario.

Es por eso que no los bloqueo, porque si se preocupan por mí, lo menos que puedo hacer es dejarlos un rato en la bandeja y leerlos de vez en cuando.

Por eso les digo: Me encanta el spam.
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sábado, 18 de septiembre de 2010

¡Piérdelo!


Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, dice el dicho y dice bien. Por su parte, quienes han mudado de domicilio dicen que nadie sabe todo lo que tiene hasta que se cambia de casa, cuando comienzan a aparecer cosas olvidadas y se llena un camión que se consideraba más que suficiente.

La pregunta podría ser entonces ¿Por qué tenemos que esperar a perder algo o a cambiarnos de casa para darnos cuenta de lo que tenemos?

Para saber qué es lo que en realidad tenemos podríamos visualizarnos en un estado de pérdida. De niños, el poder de la visualización es muy grande, convertimos una caja de cartón en un barco y una rama de madera en un rifle. Era tan poderosa la capacidad de trastocar las cosas que así como transformábamos para juego lo hacíamos para asustarnos a nosotros mismos, convirtiendo un suéter colgado en una puerta en la imagen misma del Coco o del hombre lobo. Con el tiempo, el poder de la visualización se pierde, sobre todo porque nuestra mente consciente nos dice "razonadamente" que hay cosas que no pueden suceder, y no hablo exclusivamente de sueños o logros sino que me refiero a que hay cosas desagradables que se pueden presentar aunque no queramos.

Cuánta gente se la pasa constantemente quejándose de su trabajo, solamente para que una vez que los despidan se la pasen lamentándose de su desempleo. Lo mismo sucede con aquellos que emiten constantes quejas de su cónyuge, para que una vez rota la relación se den cuenta que más hubiera valido utilizar toda esa energía destructiva en proteger la pareja.

La reflexión no es nueva. Ya en la antigüedad la fábula nos narraba la historia de aquel que se quejaba de andar con sandalias hasta que se encontró a alguien que estaba descalzo. En ese momento visualizó que podía perder lo poco que tenía, sus sandalias y las apreció más.

Una escaza visión nos puede llevar a centrarnos en una parte estática y limitada de la realidad, cuando ésta es vasta y dinámica, cambiamos a cada instante y existen fuerzas que nos influyen. El trabajo que tenemos hoy puede desaparecer mañana, la pareja con la que creo vivir para toda la vida mañana puede ya no estar y mi posición económica se puede derrumbar con un accidente o un ataque de la delincuencia.

La salud del joven es generalmente la enfermedad del viejo, pues es en la edad madura cuando pasan las facturas de los excesos de la juventud, así como las crisis se comienzan a gestar en los tiempos de bonanza, cuando todo pareciera ir mejor que nunca.

Aclarando que no se trata de vivir con miedo o pesimismo, el ejercicio de "perder lo que tenemos" nos lleva a apreciarlo más y cuidarlo mejor, metiendo al inventario cosas que tenemos olvidadas y que vamos a notar cuando ya no las tengamos.

Así que haz de cuenta que lo pierdes para saber qué es lo que tienes.

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Arrójala



Me ha tocado en suerte impartir varias veces el curso de formación de instructores. Considero que el principal problema al que se enfrenta alguien que quiere impartir clases es el de vencer el miedo a hablar en público y el temor de no hacerlo correctamente.

Considerando que la única forma de aprender a nadar es dentro del agua, la única manera de aprender a hablar correctamente es enfrentándose al público. Pero de igual manera que no nos vamos a arrojar al mar embravecido para aprender a nadar, para el hablar en público suelo llevar a la gente poco a poco para que vaya perdiendo el miedo.
Una vez que la persona es capaz de exponer un tema aceptablemente, sigue el proceso de pulir esos pequeños detalles que distraen o entorpecen la ponencia. Uno de ellos, muy frecuente, es el de jugar con una pluma.

Mientras el alumno expone su tema, sus manos juegan nerviosas, llevan de un lado a otro la pluma, la giran, la destapan y la vuelven a tapar y si es de botón, cada clic le dice al auditorio "tengo nervios" en un tic-tic, tic-tic que acaba por distraer del tema y por aumentar la tensión de quien está hablando.

¿Qué hacer con la pluma? -le pregunto al auditorio mientras muestro una pluma de plástico, activando constantemente el botón. Y mientras espero la respuesta la arrojo a algún escritorio, lejos de mis manos.

Platicando con algunas personas, para intentar vencer el miedo a hablar en público suelen utilizar algunos objetos a manera de ositos de peluche, de esos que los niños usan para protegerse en la noche del coco o de algún fantasma.

Para quien no está en la situación de tensión, puede parecer absurdo que un adulto se oculte detrás de una pluma, pero para quien sufre eso no. Pero la pluma, lejos de proteger, hace más evidente que la persona que se esconde detrás de ella tiene miedo y no está segura. Es decir, la pluma no ayuda, perjudica, lo cual puede ser notado por quien lo padece si hace un análisis sincero de su situación, apoyado de una visión y opinión externa.

Decía yo en mi segundo párrafo que la única forma de aprender a nadar es en el agua, pero agregaría en este momento que no se puede aprender a nadar correctamente si no nos decidimos a soltar el salvavidas.

Esto no es exclusivo del campo de la oratoria. No se puede crecer en esta vida mientras intentamos escondernos detrás de una pluma, de un complejo o de un resentimiento.

-Si yo tuviera la habilidad que tiene mi hermano para las matemáticas, seguramente hubiera sido contador.
-Yo quería ser orador, pero tengo un problema de dicción.
-Si no hubiera sido por la influenza, todavía tendría mi negocio.
-Pues yo deje de buscar trabajo porque TODOS los jefes querían conmigo.

Y así nos vamos, porque en eso de buscar pretextos y justificaciones los humanos nos capacitamos solos. Lo triste es que todos esos argumentos, si se les puede llamar así, al igual que la pluma no nos ocultan y por el contrario nos evidencian.

¿Qué hacer con la pluma?

Sí realmente quieres crecer, arrójala.
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martes, 7 de septiembre de 2010

No hay testigos



Conocí a una persona que tenía problemas de drogadicción. Su historia comenzaba con un "amigo" ofreciéndole la droga y terminaba con una carrera profesional destruida y una vida deshecha.

La presión del amigo y el querer formar parte de algo lo llevó a drogarse por primera vez, después, la adicción hizo lo propio. La necesidad de pertenencia, propia de los seres humanos, lleva a buscar ser parte de algo y muchas veces no importa de qué, pues por falta de visión o de amor tomamos muy malas decisiones. Algo así como subirse a un barco que se está quemando por el simple hecho de tener alguien con quien navegar o con la esperanza de que nunca naufrague, como si fuera mejor idea que ver el mar desde la playa o fijar la vista tierra adentro.

Triste historia la de pagar un precio muy alto por no estar solo para acabar precisamente así, solo, vacío y dañado.
-o-o-o-o-

-En el mundo de la droga no hay testigos, sólo cómplices -me dijo un día.

-¿Qué significa?

-Pues que si quieres estar allí porque te atrae el dinero que se puede ganar o por las chavas que están dispuestas a todo por un poco de droga, no te dejan si no te drogas tú también. No puedes ser testigo, te debes convertir en cómplice.

Complicidad muy cara, sea a plazos o al contado, pagada con la propia vida.

lunes, 30 de agosto de 2010

Bote Especial



Tuve la oportunidad de colaborar en la organización de una exposición de limpieza y mantenimiento industrial. Uno de los expositores me compartió una conversación que tuvo con una "clienta". La empresa en cuestión tenía un bote de plástico especial, como de unos 100 litros y con ruedas para moverlo. Quiero aclarar que en ese entonces aun no se popularizaban los botes de basura con rueditas, así que éste era una novedad. Sin embargo, no solamente por la facilidad de jalarlo no era un bote común, sino por la característica de que estaba hecho a prueba de sustancias peligrosas, soportaba ácidos y solventes y por ello su precio era muy superior a lo que podría costar uno similar en un supermercado.

La señora, que se había colado en una exposición especializada, mezclada entre gerentes y jefes de mantenimiento preguntó por el precio del bote de basura. "No es un bote de basura" se le aclaró "es un bote para el manejo de desechos tóxicos".

No me importa -contraatacó la clienta- me gusta que tenga ruedas porque yo no puedo cargar.

Sí señora, pero tampoco creo que lo pueda o quiera pagar, porque vale $2,000

Ah que viejo tan ratero -fue la respuesta- nomás porque tiene rueditas me lo quiere vender mucho más caro.



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A veces, cuando alguien me quiere tratar cómo no merezco o cuando alguien me dice que se siente como que no vale porque los demás no lo aprecian suelo recordar está historia. El bote de desechos tóxicos solamente puede ser apreciado en lo que vale por aquel que conoce -y reconoce- su potencial. Como bote de basura, el de nuestra historia, era muy caro, pero como un bote especial para manejar el riesgo, su precio era justo.

En la vida no falta quien nos quiera arrojar basura y por ello podemos sentirnos devaluados, pero ¿Qué acaso el bote de basura no vale mucho más que lo que contiene? Nosotros siempre seremos más valiosos que la basura que nos quieran aventar, además, la gran ventaja del ser humano es que tiene la capacidad de limpiarse, no es estático como el bote.

Y siempre estará nuestra libertad: El bote no puede decidir si recibe la basura de otros, pero nosotros sí.

Sobre el Sida y el Condón

RESPUESTA DE UN SACERDOTE SOBRE EL USO DEL CONDÓN A UN CARICATURISTA.

Guayaquil, 20 de marzo de 2009



Muy estimado Bonil:



Le admiro como humorista; no me da empacho decirlo. Le escribo con la autoridad que me proporciona ser un sacerdote que visita todas las mañanas de todos los viernes a los pacientes de VIH-sida en el Hospital de Infectología.

Voy siempre con un equipo de voluntarios y voluntarias de la Casa de la Vida. No sólo le escribo como un apóstol de mis enfermos, sino como simple hombre culto (soy abogado y sacerdote, con 10 años de estudios en tres universidades españolas). Estoy completamente en contacto con todo lo que sucede. Me muevo en el Internet como un pez en el agua. Le digo esto, porque a veces la gente piensa que los curas vivimos en otro planeta.

He visto su chiste de hoy sobre el Papa y el criterio de la Iglesia Católica sobre la ineficacia del preservativo para combatir el sida.

Estimado Bonil: El Papa puede decir que dos por dos son cuatro. Pero esta verdad no deja de ser una verdad científica, sino que sigue siendo una verdad matemática, aunque la afirme un religioso.

Dejemos aparte - sólo por método, para poder dirigirme a usted, con total independencia de sus creencias: no sé nada de su religión, ni siquiera sé si cree en Dios o no. da lo mismo para el caso - los motivos morales por los cuales la Iglesia católica se opone al uso del preservativo para combatir la pandemia del sida.

El Papa ha afirmado algo que es puramente científico: el uso del preservativo, lejos de impedir la propagación del sida, en definitiva, la acrecienta y aumenta.

Tome usted un microscopio. Ponga un preservativo de látex. Mida las microscópicas perforaciones que tiene el látex. Apunte en una libreta las milimicras que posee cualquiera de las perforaciones. Ahora, coja un virus del sida. Póngalo en el microscopio. Mídalo. Ahora compare las dos medidas.

La ciencia de hoy afirma que el virus del sida es 450 veces más pequeño que el espermatozoide. Si bien los espermatozoides no atraviesan las perforaciones del preservativo, claro que los virus del sida sí lo hacen.

Por otra parte, hemos de reconocer que la masiva difusión del preservativo, no determina una disminución del número de relaciones sexuales, sino, por lo contrario las facilita, las estimula, las incentiva.

Sepa, además, mi estimado Bonil, que tras la difusión masiva del preservativo hay toda una industria con gigantescos intereses económicos, todo un capitalismo. y, lo peor, ellos saben que el preservativo no preserva de nada, y que, como dice el Papa, aumenta la pandemia (por las dos razones científicas que antes le he expuesto: matemática: dimensión de las perforaciones, y estadística: constatación numérica de los fenómenos sociales) y, sin embargo, son tan criminales y tan genocidas, que por forrarse los bolsillos de dólares, empujan al mundo entero a la peor pandemia de la historia (tengo 5 DVD's, sobre el tema).

La irresponsabilidad de las autoridades de salud del mundo entero, y también, por supuesto, de Ecuador, es espantosa. Tras esa irresponsabilidad, o está una tercermundista ignorancia o una tercermundista corrupción. Todos ellos tendrán que dar cuenta a Dios - no me fío nada de los "juicios de la Historia", que son para morirse de risa - de la criminal irresponsabilidad con la que difunden en nuestro ambiente el uso del preservativo, con la consiguiente incentivación de las relaciones sexuales realizadas con la "ruleta rusa" del preservativo.

No por motivos religiosos, sino por simples razones de salud pública, la autoridad gubernamental debería informar a la gente los peligros que comporta el uso del preservativo. Algo así como se hace con la campaña de difusión de la estrecha relación que hay entre el tabaco y el cáncer.

Para terminar: son innumerables los y las pacientes de sida que cuando yo les he preguntado - claro, con toda mi intención - si usaron "protección". Me miran con profunda tristeza y con una sonrisa cargada de odio e ironía me dicen: "Padrecito, el preservativo no sirve para nada."

Le invito un viernes a visitar conmigo a 'mis' enfermitos de sida - hoy mismo he estado con ellos - y luego me dirá si se atreve a hacer, querido Bonil, un chiste sobre la relación que hay entre la difusión del preservativo y el avance de la pandemia del sida.

Venga, le recibiremos llenos de cariño en nuestro equipo. Venga, y verá cómo los enfermitos están equivocados - sí que están equivocados - cuando dicen que no sirve para nada: ¡Claro que sirve!, y muchísimo: sirve para contagiarse ellos del sida; y sirve, sobre todo, para que muchos millonarios del primer mundo y del tercero, ganen más euros y dólares a costa de los millones de enfermos de sida que se fiaron del preservativo.

Además, mi querido amigo: no sé si usted es casado, no sé si tiene hijas. Pero si un chico le dice a usted que va a tener relaciones con su hija, no creo que usted le diga: "¡Ok; pero con preservativo!" Me imagino que, como padre digno que supongo será, le dirá al chico de turno: "Amigo, usted a mi hija no me la toca, hasta que sea su esposa, después de haberse casado con ella, como Dios manda. ¡Mientras, ni con preservativo, ni sin preservativo!".

Y esto es lo que la Iglesia afirma como el mejor y único camino para preservar al mundo del sida y de muchos otros males, tales como los hijos sin hogar. En esto, supongo que usted coincide con Dios y la Iglesia.

Con mi respeto y mi afecto.

Padre Paulino Toral

martes, 17 de agosto de 2010

El polizón



En las novelas de aventuras, la figura del polizón era frecuente, cuando el protagonista solía introducirse a escondidas en un barco o tren ya fuera para seguir al malo o para huir sin dinero de quien lo quería matar.

Viajar a escondidas, actualmente, puede tener diferentes motivos, que van desde la aventura y la rebeldía adolescente hasta el miedo y la desesperación de alejarse de un lugar que no representa nada bueno.

Generalmente, cuando en las películas o novelas se nos presenta el personaje del polizón, nos identificamos con este y sentimos lástima cuando se le trata como delincuente y se le intenta arrojar al agua. Solemos identificarnos con el más débil. Pero si nos ponemos en el lugar del capitán de un barco con comida apenas suficiente para una tripulación, una persona que consume, que no trabaja y que quién sabe qué mañas tenga es algo más que dañina. Además, en algunos puertos, llegar con alguien sin papeles podría ser interpretado como tráfico ilegal de personas, siendo culpado el capitán del barco. En el caso de los trenes, un viajero sin boleto se prestaba a malas interpretaciones, dando la duda si esa persona viajaba pagando un pasaje menor a uno de los boleteros.

Es por ello que los polizones solían ser arrojados inmediatamente, para evitar daños mayores.

El éxito del polizón, por lo tanto, es estar allí y pasar desapercibido, comer sin que lo noten, viajar y bajarse sin que lo vean. Pero el daño real y potencial que representa llevar este viajero incognito es muy grande. Un ejemplo muy moderno de polizones es el que ocurre cuando se meten en los compartimientos de las llantas de los aviones, donde pueden morir aplastados por el mecanismo de retracción de las llantas o por las bajas temperaturas y falta de oxígeno que se presenta a grandes alturas. Imagínate el problema legal de explicar un muerto que aparece de repente en una pista de aterrizaje.

Si por un lado en las películas nos ponemos del lado del pobre polizón, en la vida real, no quisiéramos subir a nuestro tren, barco o avión a alguien que nos cause problemas.

Pero la realidad es que los subimos.

Todos tenemos pensamientos polizones, que no aportan pero cómo estorban. Aparentemente no dañan, están allí sin que a veces los notemos porque hay áreas de nosotros mismos que a veces no revisamos.

Existen personas que siguen odiando a gente que ya murió. Otras recuerdan a cada rato la hacienda que perdió la familia en la revolución y que si ahora la tuvieran no estarían tan amolados. Una más recuerda con molestia extrema su fiesta de quince años solamente porque su mejor amiga derramó sin querer un poco de refresco en el vestido. Todos esos pensamientos, magnificados al paso del tiempo, se convierten en compañeros incógnitos y cuando los descubrimos, no es raro solidarizarnos con ellos y decir "pobrecito de mí" cuando lo pertinente sería tirarlos por la borda y seguir adelante.
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sábado, 14 de agosto de 2010

Detalles insignificantes


La vida, dentro de ese paquete o presentación en la que nos es dada, trae una serie de inconveniencias. No podemos evitarlas, hay cosas que simplemente nos desagradan, que preferiríamos que no estuvieran, pero allí están. Vienen en el paquete.

Si hacemos una lista de ellas, ésta sería de un tamaño directamente proporcional a nuestro nivel de aceptación e inversamente al de frustración.

Una pregunta interesante es ¿Cuántas cosas que nos roban energía, realmente valen que nos preocupemos por ellas? ¿Cuántas se merecen nuestra molestia? ¿Cuántas ameritan nuestros desvelos?

Los humanos, egocentristas como somos, hacemos muy grandes las cosas cuando nos afectan y minimizamos las que hacemos y provocan afectación en otros.

Voy en un auto de un cliente y éste se molesta porque un vehículo se detiene frente a nosotros a descargar pasaje. "Muévete, la calle no es tuya" y molesto me comenta lo mal que le caen esos que no respetan a los demás. Minutos adelante vamos a entrar a su negocio. Podría estacionarse, abrir la puerta y después meterse pero prefiere enfilarse, dejando espacio para que abran las hojas lo que provoca que estorbe el paso. Cuando le pitan hace tranquilo el comentario "Ah que desesperados, si tienen prisa levántense temprano".

Las relaciones humanas, con su roce constante, provocan fricciones que a veces no son intencionadas, pero acaban lastimando. Pensar diferente nos lleva a interpretar las cosas de diferente manera. En algunas, por su gravedad o seriedad, es fácil coincidir, pero en otras, las sencillas, ponerse de acuerdo puede volverse complicado.

El nivel del volumen al que se puede escuchar una canción varía de acuerdo a la persona y a la canción en cuestión. Los alimentos que se sirven a la mesa están en función del gusto de quien los prepara y no necesariamente de quién los va a comer. Un portafolio en la sala puede ser algo inconcebible para quien asea la casa y una nimiedad para quien llega cansado del trabajo. Y son muchas de estas cosas sencillas las que acaban provocando conflictos graves en las relaciones familiares y laborales. Amistades y relaciones se han acabado por tonterías, perdiendo lo más por lo menos.

Dar un peso excesivo a los pequeños detalles podría provocar, por ejemplo, que el propietario de un negocio centre sus problemas en algunas costumbres de sus empleados, negando o dejando de lado problemas fundamentales, tal como fue el caso de un amigo, cuyo negocio se vino a pique. El estaba más preocupado por algunas conductas de su encargado, que a mi modo de ver no eran relevantes, que por algunas políticas equivocadas en cuanto a cuestión de costos y selección de clientes, problemas que realmente lo hicieron quebrar.

Por ponerlo en dinero podríamos decir que mi amigo, preocupado por cuidar los centavos descuidó los pesos. ¿Cuántas veces hemos notado lo importante hasta que se revienta el hilo, mientras estábamos enfrascados en cosas sin importancia?

Esos pequeños detalles nos distraen e impiden resolver problemas de fondo. Y se convierten en distractores porque en nuestra percepción los hacemos más grandes e importantes de lo que en realidad son. Digamos que son como los árboles que nos impiden ver el bosque.

Pero así como los podemos agrandar los podemos hacer pequeños y manejables e inclusive desaparecerlos, así como un mago hace que centremos la atención en donde él quiere para ocultar un objeto, dando la impresión de desaparecerlo.

Si reconocemos en nosotros mismos esos detalles insignificantes que nos están robando tiempo y nos enfocamos en lo importante, seguramente nos encontraremos con mucho tiempo libre para disfrutar realmente de la vida.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Buscando culpables

A

Cuentan que un hombre que acababa de morir llegó muy molesto al cielo.

Vengo a reclamar -dijo- que el ángel de la Guarda que me asignaron no hizo bien su trabajo, me he volteado en mi auto y he muerto en el accidente.

El ángel encargado del departamento de reclamaciones preguntó: ¿A qué velocidad venía usted?

-Pues a 180.

-Entonces fue por eso, el ángel de la guarda se baja cuando usted rebasa el límite de velocidad.

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Ante los problemas, una de las tendencias más perniciosas es la de ocupar esfuerzos en buscar y fabricar culpables en lugar de crear o buscar soluciones.

Aclaro: Estoy a favor de ubicar a los culpables para que se responsabilicen de lo que hicieron y se evite que se siga haciendo. Pero esto no significa que se deban sacar culpables de la nada, atribuyéndose responsabilidades a gente que no las tiene.

Buscar culpables es muy sencillo, se levanta la mano, se señala a donde sea y se dice: Allí (él o ella) está. Pero esto es muy peligroso, porque a demás de ser injusto que culpemos a quien no tiene falta, se deja libre de actuar a quien si es culpable, pudiendo ser nosotros mismos inclusive.

En la escuela, con el maestro y los compañeros, en el trabajo, con los jefes o los subalternos y en la familia, con los padres, hijos o hermanos, abundan los prospectos de culpables. Los vecinos, los políticos y los ricos también son excelentes candidatos a responsables de nuestra suerte.

Vuelvo al punto inicial. Señalar a quien provoca un daño o un problema después de un análisis y una reflexión, con pruebas, es benéfico.

El problema es cuando por sistema señalamos a los demás como culpables con una única premisa "No soy yo, es él".

Entonces comenzamos por culpar a un maestro por no enseñarle a un hijo que no quiere aprender y que se escuda en supuestos derechos. Se quiere que el niño aprenda pero molestan los maestros que exigen y que dejan tarea que entorpecen las salidas de fin de semana.

Culpamos también a un gobierno que nos gobierna "mal" sin siquiera conocer sus responsabilidades ni ejercer las nuestras votando a conciencia. Abundan los correos que culpan al Gobierno federal de cosas que son competencia del Gobierno estatal o municipal, o los que atacan al Ejecutivo por competencias del Legislativo.

Conozco gente que se queja de la crisis económica y despotrica en contra de los comerciantes abusivos, pero cínicamente presume de andar con dos o más mujeres, mermando su economía familiar.

Otros muchos culpan al gobierno de la crisis, pero abren su negocio a diferentes horas, mal atienden, roban y alejan a los clientes con prácticas desleales.

Y así podríamos continuar, pero ya me cansé de buscar culpables.
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viernes, 6 de agosto de 2010

Calle con baches


Dicen que es por la época de lluvias pero aun cuando está seco están presentes.

Son los tristemente famosos baches, terror de llantas y suspensiones, frenadores de tránsito fluido y molestos como cualquier obstáculo que se interponga a nuestro objetivo.

Los baches son una alegoría de la vida, muchas veces nosotros no los causamos, pero si debemos padecerlos.

En otras ocasiones los causamos, pero sin darnos cuenta de ello. Cada que caemos en un bache colaboramos desgastando los bordes, cuando tiramos basura ayudamos a encharcar y cuando arrojamos piedras al pavimento o latas, en combinación con las llantas hacemos efecto abrasivo desgastante en el pavimento.

Los baches estimulan nuestra memoria, no hay GPS que los contenga porque cambian día con día, aumentan profundidad y peligrosidad de manera anárquica, pues algunos pueden permanecer casi inalterables por meses y otros convertirse en solamente unas horas en un hoyo lo suficientemente profundo para que el auto que caiga allí necesite de grúa para salir. Recordar su ubicación es importante, pero más importante es estar atentos para descubrir los nuevos, por lo tanto, también estimulan nuestra capacidad de observación.

Hay calles que están tan maltratadas, que es imposible pasar sin caer en uno de ellos, así que allí la decisión es pasar por los más pequeños. Lo que me recuerda una máxima en toma de decisiones: Si estás atado a una decisión, toma la mejor que puedas.

Vamos por la vida, hay baches. Algunos no podemos evitarlos y caemos en ellos, otros se pueden evitar pero depende de nosotros. Los más proactivos no sólo evitan los baches, los tapan o por lo menos les avisan a los demás para que no caigan en ellos.

Algunos padecen por equivocar la ruta, se quejan de la calle pero siempre toman la misma vía sin saber (o sin querer aceptar) que la calle paralela está mejor pavimentada. A veces cometemos errores por años, incapaces de aceptar que estamos mal, cayendo en los mismos agujeros que conocemos de memoria pero parecemos incapaces de evitar.

Contar con copiloto es importante cuando éste participa en la ruta y nos evita accidentes. "Pégate a la derecha, porque en el otro carril hay un cráter igualito al que recibió al Apolo" y con la confianza de aquel que sabe a quién sube a su auto, nos pegamos a la derecha y evitamos el daño. Pero si el copiloto se guarda la información o si quien tiene el volante no decide o puede cambiar de carril, la caída se produce. Si el copiloto no ayuda, se convierte en un peso muerto que colabora a que el auto caiga con más fuerza, así que cuidado a quien subes a tu auto o cuidado con convertirte en peso muerto.

Así es la vida, con baches.

Voy por una calle muy accidentada. El coche vibra y escuchamos golpeteo de metal que significa desgaste y dinero, pero debo llevar a mis hijos a la escuela y no hay otra ruta posible. Mi hija, que no alcanza a ver el pavimento me dice, casi me reclama: Papá, no pases por los baches, que no me puedo estar quieta.

No hay de otra hija, esto está lleno de ellos, lo más que puedo hacer es tratar de pasar por los más pequeños.
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