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viernes, 27 de febrero de 2009

Poder no te da derecho.

Alberto D. Quiroga V.

En días pasados, cuando vimos que los consejeros del IFE decidieron aumentarse el sueldo a $330 mil pesos mensuales, lo cual es el equivalente de 16 años de salario mínimo de un obrero, se me vino a la mente algo que creo que se confunde mucho en México y es el poder con el deber.

Que los consejeros puedan aumentarse por si mismos el salario, no les da derecho a que lo hagan. En toda empresa sana, la gente gana en concordancia con lo que produce y con las responsabilidades que tiene. De hecho, cuando no se sigue esta norma y se empieza a pagar de acuerdo al apellido (por ser hijo del dueño) a favores (por acompañar al jefe a fiestas extra laborales) por corrupción (porque sabe y hace cosas sucias), una empresa, en ese punto de los sueldos y salarios, sale de la sanidad para entrar a la enfermedad.

Claro que en el gobierno, sin ningún control, estos abusos se pueden dar y ahora, afortunadamente gracias a la presión que hizo la sociedad parece que la medida de los consejeros se echa para atrás, lo cual esperamos sea en forma definitiva y no hasta que se calmen las cosas y exista un distractor mayor.

Por otra parte, veo que estos abusos de poder se dan en todos los niveles de la sociedad y desafortundamente nos estamos acostumbrando a ello.
Todas las mañanas, camino a la escuela de mis hijos, me encuentro con gente que “barre” la banqueta a manguerazos. En una ocasión se me ocurrió decirle a una persona que no lo hiciera y su respuesta fue: Yo la pago y a ti te vale…

¿Pagar el agua nos da derecho a desperdiciarla?

Recuerdo en una ocasión que comí en un restaurante con unos conocidos y dos de ellos llevaban a su niña de tres años. Para la niña pidieron un plato de papas a la francesa las cuales no fueron comidas sino metódicamente tiradas una por una al piso.

A la primera, le señale a la mamá que la niña había tirado una papa, a la segunda espere, a la tercera, cuarta y quinta, me moleste y le repetí a la mamá que la niña estaba tirando las papas al piso y la respuesta fue: Yo las voy a pagar…

¿Pagar las papas nos da derecho a tirarlas a la basura?

Y estos ejemplos se trasladan a muchos ámbitos. Los jóvenes caminan bajo las banquetas por el “derecho” que les da ir en bola. El que tiene un auto más grande que el tuyo te obliga a frenarte con el “derecho” que le da su mayor masa vehicular. Los jefes obligan a los empleados a hacer tareas improductivas con el “derecho” que les da el escalafón y la amenaza de que “si tú no quieres, hay una fila de gente esperando por tu puesto”.
Esto nos lleva a imaginar a dónde llegaremos si continuamos con esa tendencia de confundir el puedo con el debo y yo me imagino que vamos a llegar al caos en el cual el más fuerte impone su ley. Y esas sociedades generalmente acaban fracasando.

La pregunta aquí es: ¿Nosotros que podemos hacer? Y creo que tenemos la respuesta en comenzar por nuestros hijos, hermanos, conocidos, alumnos o clientes, invitando a todos ellos a respetar el derecho, tanto ajeno como propio y evitar caer en la tentación de hacer algo malo simplemente porque puedo hacerlo.

Si vas con un amigo y quiere estacionarse en doble fila porque sólo se tardará un minuto, invítalo a que se estacione más adelante donde no estorbe. Si tu hijo desperdicia agua por jugar, recuerdale que se nos está acabando y que es injusto que lo haga.

Y así, poco a poco podremos regresar a la gente a la reflexión del “Puedo, pero no debo”.

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